El poder de lo invisible

El poder de lo invisible

Julio 31, 2018 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

La primera vez que vi a Paula Moreno fue cuando era Ministra de Cultura. Me citó en su despacho para decirme que quería hacer una Biblioteca de Literatura Afrocolombiana. Tenía clara la hoja de ruta, la academia que podría vincularse a la selección de obras y autores, así como el presupuesto. Había un único detalle: la Biblioteca que, acabó componiéndose de 22 volúmenes y un número importante de editores, correctores, diseñadores y expertos en derechos de autor en el proceso, tendría que estar lista en seis meses. “Eso es imposible”, dije. “Nada lo es”, respondió esa fuerza de la naturaleza a la que acabaría conociendo, admirando y queriendo con el paso de los años.

La primera Ministra negra en la historia de Colombia, la que llegó a la cartera de Cultura con 28 años, terminó por darme dos o tres indicaciones, y se despidió de mí sin dejar de sonreír. Puse un pie afuera de su oficina y enseguida tuve taquicardia. Era una funcionaria de rango más bajo que medio, hasta entonces había tenido a mi cargo sobre todo la organización de eventos en torno a la literatura, y ahora esperaban que pusiera en marcha algo que para mí era como una catedral. En seis meses. Es cierto que era la gran jefe, la Ministra, pero no por eso decidí seguirla, más bien lo hice porque es una líder natural, una mujer inmensa. Así es que acepté el reto llevada por inercia luminosa de la fe.

Paula me dijo entonces algo que repite en su libro El poder de lo invisible: “Necesitamos reconocer una humanidad compartida alrededor de las diferencias, no a pesar de ellas”.

La Biblioteca de Literatura Afrocolombiana fue una manera de darle voz a quienes hasta entonces no la habían tenido. Paula lo sabía. Esta iniciativa como muchas otras en el campo de la música, las artes y la danza, vinieron a reafirmar esa diversidad latente pero invisible.

La cultura popular, las músicas tradicionales, los cantos y arrullos de los pueblos afrocolombianos, la gastronomía y la historia de país oculto tras sus secretos, fueron en su gestión las semillas para comprender el territorio que habitamos y nos habita. Porque estamos hechos de esa Colombia diversa y compleja, de las esquirlas de su violencia y las cicatrices que nos ha ido dejando a lo largo de la historia. Estamos hechos también de currulaos, vallenatos clásicos, siestas en chinchorro y selva amazónica. Paula entendió que, como país, necesitamos abrazar una cultura incluyente, una cultura que se aleje de un modelo del “usted no sabe quién soy yo”, ese que a menudo caracteriza a artistas, músicos y escritores, en particular los de la capital y las grandes ciudades, quienes tanto necesitamos vaciarnos de ego y ver en la expresión de la cultura la grandeza de una nación, la colectividad, la tribu.

Los últimos ocho años, tras haber salido del Ministerio, Paula creó la Corporación Manos Visibles, un espacio para la formación de liderazgos con profundas raíces en el Pacífico colombiano que busca fortalecer a las organizaciones de base para permitirles construir relaciones de poder más equitativas desde la periferia. Su historia de vida es un canto a la voluntad individual, pero también al compromiso de país para construir unas mejores condiciones de vida para y desde las comunidades más excluidas.

Un ejemplo de cómo tender puentes y generar un cambio. Un cambio que, según la autora, nos demuestra que “usted está en mí, y yo estoy en usted, y al final siempre podemos ver en el espejo a alguien como nosotros”.

Sigue en Twitter @melbaes

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