Cali, la inculta

Cali, la inculta

Septiembre 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Que si la Ministra de Cultura le está haciendo el cajón a Gloria Castro, que si Carlos Palau es enemigo de la Ministra, que si Umberto Valverde es del combo de Incolballet, todo esto lo cubrió con minucia la W Radio. El tema era qué hacer con cuatro instituciones emblemáticas: Bellas Artes, la Biblioteca Departamental, Incolballet y el Inciva, casi en la quiebra. La respuesta: acusaciones, el famoso “esto no es de mi competencia”, es decir, la indolencia. Lo positivo fue que el cubrimiento repercutió en un giro económico. Al final, la plata estaba en alguna parte y lo que no se habría hecho sin un escándalo, se consiguió a punta de micrófonos.Sin embargo, la situación está lejos de una solución definitiva. La precariedad viene de muchos años atrás y otras entidades como la Filarmónica, la Tertulia y la Feria del Libro del Pacífico, también la padecen.Podríamos alegar que la culpa es de la ministra Garcés. Preguntarnos por qué el Ministerio le dio mil millones a Juanes para su gira por Colombia, por qué apoyan a Delirio por encima de otras compañías de salsa, por qué le asignaron un presupuesto grueso a la película del mismo nombre que resultó no ser más que un insípido cliché.Podríamos también preguntarnos cuál es la apuesta que le está haciendo el Ministerio de Cultura al posconflicto ahora que avanzan las negociaciones de paz, o por qué el gasto es para espectáculos y eventos más que para procesos y políticas públicas.Pero lo dicho, la culpa no es de la Ministra. O al menos, no solamente de ella. Habría que preguntarse cuál es el presupuesto de la Alcaldía de Cali para la cultura. El de Medellín, ciudad de tamaño similar, es del 3% de los gastos del municipio, aunque en época de Sergio Fajardo alcanzó el 5%. Hoy son 120 mil millones de pesos al año.Habría que preguntarse también cuál es el presupuesto designado por la Gobernación a la cultura y cómo se asigna, pues si bien en el Ministerio y en el caso de Medellín, los portafolios de becas y estímulos han sido fundamentales para otorgar apoyos a los ciudadanos a través de convocatorias, la última vez que pregunté, la Secretaría de Cultura de Cali no tenía un mecanismo para apoyar proyectos artísticos de la ciudadanía.Habría que preguntarse también dónde está la empresa privada y qué está haciendo por la cultura. Pero sobre todo, habría que preguntarse si Cali tendría los mismos índices de violencia y exclusión social, si como Medellín, hubiese creado una política cultural como la que en su momento lideró Jorge Melguizo, para quien está claro que la cultura es el único camino posible hacia una convivencia pacífica.Y en eso, como en muchas otras cosas, Cali se raja. Mientras la clase dirigente sigue anclada en rencillas prehistóricas, argumentando vetos, odios y favoritismos, la ciudad se sigue peleando los primeros puestos entre las más violentas del mundo. Medellín, por su parte, le hizo una apuesta a lo público sin precedentes en Colombia. Hoy la capital antioqueña es un modelo global de inclusión social.La cultura no es solo un tema que afecta a tres señoras caleñas, o a un puñado de instituciones. La cultura, o la falta de ella, es la responsable de las riñas, atracos, intolerancia y agresiones que asedian a diario a los habitantes de Cali. Solo a través de una política cultural que involucre una transformación del espacio público y de la relación del ciudadano con su entorno, la ciudad podrá salir de la ola de violencia que la azota hoy día.

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