Un Nobel doble

Un Nobel doble

Marzo 06, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Dos personajes del más alto mundo cultural sueco pusieron en peligro la credibilidad del Premio Nobel de Literatura en el pasado año, por lo que -cosa que no ocurría desde 1940 y 1943 en tiempos de la Segunda Guerra Mundial- no hubo galardón para escritores en 2018. El Nobel de Literatura 2019 vendrá pues por partida doble.

Dos serán los escritores escogidos por Estocolmo. Lo que ocurrió en 2018 fue francamente penoso: la poetisa y académica Katarina Frostenson, con voto en la selección del del Nobel, destinó recursos financieros de la institución al club literario Forum, dirigido por su marido, el fotógrafo Jean-Claude Arnauld.

Pero ahí no paró el escándalo. Arnauld fue denunciado por acoso sexual. Dieciocho mujeres de la Academia Sueca dieron fe de su comportamiento impropio y además lo pusieron en la picota por algo imperdonable en cualquier monarquía: le tocó el trasero a Victoria, la princesa heredera.

La no aceptación inicial de este galardón, por parte del cantor y poeta estadounidense Bob Dylan en 2016 junto a los hechos antes citados, dieron al traste con el prestigio de un premio que en los últimos años ha permitido filtraciones con el nombre del ganador, anuncios que como en el caso de J.M.G. Le Clézio en 2008, no fue sorpresa para los medios del mundo.

Neruda es quizá quien mejor narra ese momento cumbre del escritor laureado. Contó en sus memorias cómo antes del alba llegan hasta la habitación del autor unas jóvenes vestales coronadas con ramas de acebo; llegan para dar el anuncio de la buena nueva, con un canto que más parece un arrullo, mientras en actitud de ofrenda traen en sus manos velas encendidas. Esta aparición magnífica, divina, resulta emocionante para cualquier mortal, y esa fue la misma experiencia que tuvo Gabo mientras dormía en ‘la cama de un rey’. Sus amigos, el clan de los Buendía, fueron alojados en un barco-hotel.

El premio de Neruda fue ‘aguado’ por las declaraciones del poeta cubano Nicolás Guillén, no obstante el beneplácito del régimen que envió hasta Suecia una caja de ron añejo de las bodegas de Santiago. Ese hecho hizo que Neruda hablara siempre de “Guillén El Bueno”, para referirse al poeta Jorge Guillén, y de paso echar una palada de arena sobre el autor del Sóngoro Cosongo.

William Faulkner, que amaba el bourbon, los caballos y la vida campirana, cuando le anunciaron el premio dijo inicialmente que no iría: “Soy solo un campesino”, expresó, y agregó: “Además, Estocolmo queda muy lejos…”.

El secretario permanente de la Academia Anders Olsson cuida hasta el último detalle y es por ello que en 2018, con el daño causado a este palmarés, dijo: “Consideramos que es necesario invertir tiempo en restablecer la confianza de la opinión pública en la Academia, antes de poder anunciar al próximo galardonado”.

Varios miembros del jurado presentaron renuncia después del escándalo, pues una investigación interna adelantada contra la pareja Arnauld-Frostenson no produjo ningún resultado. Algunos académicos aseguran que Arnauld, quien se paseaba por los más encopetados salones de Estocolmo, es el responsable de filtrar en varias ocasiones el nombre del ganador del Nobel de Literatura.

La Academia, institución creada por el Rey Gustavo III en 1786, deberá ahora hacer su mejor esfuerzo para repintar los blasones de un premio que esperan cada año los escritores del mundo. La crisis se llevó también en su ventolera a la secretaria permanente, Sara Danius.

Para la casa real es imprescindible recuperar el prestigio del galardón que reconoce a los literatos más sobresalientes desde 1901. La salida de académicos por las circunstancias ya conocidas, fue lamentada por la prensa escandinava, dado el carácter vitalicio de los mismos. De ahí, la decisión de vincular en este año a cinco personajes externos que ayudarán a tomar la decisión.

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