Paradojas del dinero

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Paradojas del dinero

Julio 30, 2020 - 09:10 a. m. Por: Medardo Arias Satizábal

La pandemia ha traído dificultades a todos, pero la del rapsoda es una de las más románticas, por lo que tiene de aventura de la vida. Escribidores aficionados salen hoy a venderse en las redes como expertos en ‘ensayo, crónica, cuento, poesía’; una suerte de autoridades supremas de las letras, dispuestas a resolver cualquier duda en ese mar proceloso y esquivo de la literatura.

El dinero, esa quimera que Giovanni Papini llamó “estiércol del demonio” es escaso en la casa del poeta, mientras vive, pero, así lo demuestra la tradición en los billetes del mundo, abundante en su nombre y su memoria, cuando muere.

Uno de los billetes colombianos de más alta denominación, tiene la imagen de Jorge Isaacs. Si nos atenemos al valor del dinero, podríamos metaforizar y pensar que en asuntos de valía literaria vamos ‘punteando’ con nuestro escritor romántico. Veinte ‘Isaacs’ hacen un millón de pesos.
Circula más el poeta que el político, pues ‘los Lleras’, de cien mil no tienen tráfico en las tiendas ni en los bares.

Paradoja de paradojas la de Isaacs, quien vivió endeudado y llegó a habilitarse como minero en el sueño de conjurar con oro, algún día, los aprietos de la vida.

Otras naciones del mundo no han sido ajenas a esta costumbre mercantil de estampar poetas, músicos y escritores en sus billetes. Así, Francia, antes del Euro, hizo circular en su billete de cincuenta francos a Saint-Exupéry, el autor de El Principito; pero también homenajeó a Víctor Hugo. Hubo un tiempo en París en que era posible pagar con la moneda de los miserables. México hizo moneda con Diego Rivera y Frida, su mujer, esta última en billetes de 500 pesos.

Pero, quizá una de las mayores ironías del destino se cumplió en el dinero peruano, cuando hicieron corriente la imagen del poeta César Vallejo, al que le tiraban piedras sin que él les hiciera nada, el hombre que vivía en París con los húmeros listos para morir debajo del aguacero, en un día del cual tenía ya el recuerdo.

En España, durante mucho tiempo, el billete de cien pesetas estuvo identificado por la sonrisa cínica de Francisco de Quevedo, que parecía decir a quien gastara en su nombre: “Es tanta su majestad/ aunque son sus duelos hartos/ que aún con estar hecho cuartos/ no pierde su calidad/ pero pues da autoridad, al gañán y al jornalero/ poderoso caballero es Don Dinero…”.

Italia, en tiempos de la Lira, hizo circular en plata la ‘vera’ efigie de Caravaggio, quien murió deprimido, perseguido por sus enemigos. Este pintor vivía envuelto en múltiples peleas, algunas callejeras. De él, decían en los mentideros de Roma: “Es una persona trabajadora, pero a la vez orgullosa, terca, y siempre dispuesta a enfrascarse en una riña, por lo que es difícil llevarse bien con él”. Los billetes italianos también tuvieron la imagen de María Montessori, quien se inspiró en su famoso método pedagógico al visitar una escuela de niños ‘ineducables’ que jugaban con migajas, por no tener otros objetos al alcance.

Venezuela es quizá la única nación de América, distinta de Cuba, Brasil y Haití, que tiene en su circulante la imagen de un afroamericano. Se trata de Pedro Canejo, a quien llamaban ‘Negro Primero’, quien peleó en la Batalla de Las Queseras del Medio. Estaba bajo el mando de José Antonio Páez, cuando murió en Carabobo. Famoso porque en ese día, antes de caer, le dijo al León de Apure: “General, vengo a decirle adiós, porque estoy muerto...”.

Guatemala puso en el Quetzal la cara de Sebastián Hurtado, un músico que a inicios del Siglo XX, “revolucionó la escala cromática de la marimba…”.

El poeta José Asunción Silva, quien cometió suicidio después de enfrentarse a una pavorosa bancarrota, respira aún en los billetes de cinco mil. Ahora, hacemos transacciones monetarias con Gabo. Era de justicia inscribir en su billete una de sus frases lapidarias: “El día en que la mierda tenga valor, los pobres nacerán sin culo...”.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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