Nicaragua SOS

Nicaragua SOS

Julio 18, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Desde hace tres meses Daniel Ortega dispara en Nicaragua contra su pueblo, para atornillarse en un poder en el que ya nadie cree; hasta el día de ayer se contaban ya más de 300 muertos, cerca de 2000 heridos y 150 desaparecidos. La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia hace un llamado al mundo, para lograr, al menos, una declaración condenatoria de la OEA, pero la izquierda colombiana no se pronuncia aún al respecto.

Nicaragua, con una población de 6.149.928 habitantes, tiene buena parte de sus nacionales en Miami y otros lugares de Estados Unidos, gracias al status de protección que este país dio a muchos damnificados por desastres naturales.

Hoy, sin embargo, el mayor desastre lo configura el dictador Ortega, junto al chafarote Maduro en Venezuela. Llegó al poder en medio de un romance de América Latina con el sueño socialista, el mismo que naufragó en Cuba. El mundo aplaudió a esos ‘soñadores’ que depusieron a la familia Somoza, la misma que se instaló ahí por espacio de 42 años, configurando, junto a la presencia diabólica de Trujillo en República Dominicana, dos de los regímenes más cruentos y miserables de América Latina. Ambos, Somoza y Trujillo, son objeto hoy de historias literarias pero la realidad siempre fue mucho más dura.

Era reportero del diario El Pueblo en Cali, cuando el mundo seguía con atención el avance de los sandinistas en Nicaragua. Hasta ahí fue nuestra compañera de redacción, Margarita Cubillos, la madre del periodista Henry Holguín, para cubrir día a día el paso victorioso de las tropas de oposición por Masaya, Chinandega, Matagalpa. Esperanza parecida a la de esos jóvenes barbudos que entraron en 1959 en La Habana.

Sólo que hoy esos nombres de pueblos que están en la memoria nicaragüense son pronunciados desde la orgía de sangre que ha desatado Ortega, sin que el mundo diga nada. El pasado martes, los esbirros de Ortega armados para una guerra, con fusiles AK-47, asaltaron el poblado indígena de Manimbó en Masaya, y masacraron a mujeres y niños.

Cuando sacaron a los Somoza el mundo aplaudió. Hasta Rubén Blades lo celebró en una de sus canciones. Hoy tendría que cantar el mismo estribillo, pero con distinto protagonista: “Nicaragua sin Ortega”.

El petróleo chavista que otro día llegaba a manos llenas a Managua se acabó. En medio de la indigencia, Venezuela cerró la llave de un recurso que otro día lo tuvo como uno de los países más prósperos del Cono Sur, con el mayor índice de “consumo de whisky per cápita…”, Esto permitió que el régimen de Ortega quedara en sus platas. La penuria y el desabastecimiento han sacado al pueblo a las calles, en un proceso de desobediencia civil que deja ya centenares en los cementerios. Los hospitales reciben la orden de no atender a los heridos.

El Vaticano ha querido mediar pero Ortega, como Fidel otro día con la curia habanera, ha tildado de conspiradores a los prelados y lanzó ya un mortero contra el sacerdote Abelardo Mata, además de herir gravemente a otros. Y el curita Ernesto Cardenal, que otro día vio también como una alborada la llegada de la revolución a su país y se declaró profeta desde Solentiname, permanece en silencio. Una declaración de su parte empujaría también esta carta condenatoria de la OEA que piden con justicia hoy en Nicaragua para visibilizar la matanza.

Juan Sebastián Chamorro, vocero de la Alianza por la Justicia y la Democracia, solicita que al pueblo se le permitan elecciones adelantadas, libres y bajo el control internacional. Piensa quizá que no es mucho pedir, pero otra cosa urde el castrochavismo que aprendió en La Habana a sacar la protesta de las calles a punta de bala y patadas. Esa lección la conoce bien Maduro y ahora la repite Ortega. Tienen la orden de no dejar morir este proyecto fallido, encima de la miseria, el hambre y la desesperación de sus pueblos.

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