Libros como abejas

Libros como abejas

Agosto 15, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

El ayuntamiento de Carmona en España, dentro de su colección Palimpsesto, acaba de publicar el libro de poemas Migajas de la boca del tiempo de Horacio Benavides, el cual eligió un fragmento de mi autoría: “Quizá no se encuentre en la poesía colombiana un tono más particular, una voz más original desde Aurelio Arturo, que esta poesía de íntimas soledades, de curtidos ancestros, como quien musita desde la profundidad de un bosque...”

El libro contó con la selección y prólogo de Francisco José Cruz. Conmovedores los versos que Horacio dedica a su abuelo David Zúñiga: “Se paró en una piedra a contemplar la tierra que había adquirido/ llevó su mirada del río al filo de la montaña/ tantas madrugadas, tanto dejar de comer para comprarla/ Lo respetaban era cierto/ ¿pero dónde estaba la alegría que había soñado?/ Viejo y cansado se sentó con algún trabajo sobre la piedra/ y lloró solo su suerte…”.

En estos atisbos, acabo de topar también con el libro de cuentos de Jaime Galarza Sanclemente, publicado hace cuatro años: Los cuentos del caminante, con una bella foto de Lalo Borja en la portada. Profesor, investigador y promotor cultural, Galarza es de los pocos cultos que van quedando en Cali, hijo de una generación que se enfrentó y asumió todo; la política, la filosofía, la música, el cine, la literatura. Entre sus publicaciones se cuentan: John Locke y la Filosofía Clásica Liberal  (1972); El último ilustrado (1973), La Ciencia Política y el Estado Moderno (1981), entre otros. Ha sido además editor; dio impulso definitivo al departamento de publicaciones de la Universidad del Valle, como rector, y fue fundador de la revista La Palabra. De una mesa a otra del Café de Los Turcos, me propuso –cuando a nadie le importaba la literatura del Pacífico- hacer una antología de autores de esta parte de Colombia, la misma que publicó en 1992 con el título De la hostia y la bombilla, elPacífico en prosa.

La faceta creadora que desconocía de Jaime Galarza, era la de cuentista. En su libro dedicado a “Luis Torres Piedrahita y su biblioteca en las colinas verdes de San Antonio”, aparece el tejido urbano de una ciudad, Cali, el mismo que se va difuminando en el “progreso”, sin que nadie tenga memoria de las guacamayas que parloteaban en los patios de San Bosco, de lugares ya abolidos que significaron amor, pasión, noches de boleros, el ánima extinguida de las calles que rodeaban el viejo colegio de Santa Librada. Textos breves como El bebé de Rosemarie, Los Barcos y El amante, hablan de un escritor secreto, respetuoso de un género en el que quiso aparecer con el seudónimo de Enrique Morales Calonje.

En esta criba de libros, me llegó también en Kartaxa, un bello lugar escondido en las intrincadas calles de Cartagena, Infancias anónimas, poemas de Alfredo Vanín (Saija, Timbiquí, 1950), editados por la Fundación Cultural Cuatro Tablas. Ganador del Premio de Novela Jorge Isaacs, con su libro El día de vuelta. Vanín es además autor de Alegando que vivo, El príncipe Tulicio, Islario, Cimarrón en la lluvia y Los restos del vellocino de oro, entre otros.

En Cementerios acuáticos, nos dice: “Las estrellas a medio diluir en el ojo de buey, robadas a los cementerios acuáticos/ sin saber que la sabiduría habla siempre en los idiomas de los desterrados/ y no muestra su hondura hasta no hacer visible el sol que hemos pagado a plazos…”.

A tono con la importancia que dará el actual gobierno a la economía naranja, la Gobernación del Valle acaba de presentar “Al ritmo de la creatividad: las artes escénicas alzan su voz”, herramientas para la estructuración de proyectos de desarrollo en este campo. Tarea grande tiene al frente Consuelo Bravo, la nueva Secretaria de Cultura, quien viene de realizar una excelente labor en Incolballet.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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