Eustaquio recuperado

Eustaquio recuperado

Julio 25, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Nombres memorables existen en la historia de la literatura latinoamericana, para distinguir medios impresos en los que participaron escritores e intelectuales fundamentales para la comprensión de una época.

A vuelo de memoria puedo recordar ‘El diario de la Marina’, donde escribieron, entre otros, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Borges, Mariátegui, y ‘Orígenes’, este último foro de reunión de Fina García Marrúz, Lezama Lima, Cintio Vitier, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, Eliseo Diego.

En el Valle del Cauca, a 22 años del fin del Siglo XIX, el escritor José Eustaquio Palacios, quien venía de una formación franciscana, creó ‘El Ferrocarril’, el semanario que sostuvo hasta 1878 cuando después de una caída, un golpe en la cabeza le causó la muerte. Importante reconocer a quienes en ese momento escribían ahí y de alguna manera divulgaban entre nosotros las ideas de Alphonse de Lamartine, la poesía de Baudelaire, la obra de Walter Scott, los relatos de Alejandro Dumas.

‘El Alférez Real’ surge pues en un momento en que las ideas liberales pugnaban por encontrar su nicho, mientras el concepto conservador hacía lo propio para no desprenderse de un pasado demasiado reciente; tiempos de ruptura en los que aún los colombianos tenían abuelos neogranadinos que hablaban de gestas, reyes y encomiendas.

La importancia del libro de Palacios que hoy entrega el Programa Editorial de la Universidad del Valle en lujosa edición, con introducción y notas de Alberto Carvajal, tiene que ver con la visión de un hombre que nace 20 años después del Grito de Independencia en Roldanillo. Es testigo de la joven república y desde su pueblo vio pasar a las mujeres ‘chumbadas’, a los paisanos que iban a caballo por esos andurriales, a los sacerdotes de coronilla castellana que catequizaban negros e indios.

Además de esta novela que lo distingue en el tiempo, Palacios fue autor de una cartilla de Gramática y Literatura Castellana, y de los poemas ‘Amor por siempre’ y ‘Esneda’.

Diecinueve años después de la publicación de ‘María’, apareció su ‘Alférez Real’, centrado en la figura de Manuel Cayzedo Tenorio, el representante de la corona española en estas tierras, propietario de la Hacienda Cañasgordas, la misma que hoy recibe la mayor atención para ser convertida en un gran centro cultural. Eustaquio era un hombre del XIX, pero instaló su poética en el XVIII.

“A principios del mes de marzo de 1789, un sábado como a las cinco y media de la tarde, tres jinetes bien montados salían de Cali, por el lado del Sur, en dirección a la hacienda Cañasgordas. Iban uno en pos de otro”, dice al inicio de su novela que describe un tránsito hoy doméstico para los caleños, pues la hacienda quedó ya unida a la ciudad.

Además, en esos tiempos de a pie o a caballo, la indumentaria tenía que ver con el paisaje: “Camisa de género blanco, chaqueta de color pardo y sobre esta una manta de color a listas, llamada en el país, ruana, y sombrero blanco de grandes alas, de paja de iraca. Los pantalones del mismo género eran cortos, hasta cubrir la rodilla, y asegurados allí con una hebilla de plata, medias blancas de hilo y botines negros de cordobán…”.

El autor fue rector del colegio Santa Librada, Regidor de Cali, y reconocido por su vasto conocimiento del latín, lengua que estudió en Bogotá y Popayán. En esta última villa se hizo Doctor en Jurisprudencia.
Siendo aún muy niño, compró su primer cuaderno con la propina de un mandado que le diera una de sus tías. Así, pudo ingresar en la escuela de Roldanillo. Fue profesor de italiano, geografía y filosofía.

Su poema épico ‘Esneda’ se dio a conocer en 1874. El accidente que le causó la muerte ocurrió 11 días después de su cumpleaños número 68. Es muy probable que haya tenido un vahído propio de un infarto, pues antes de caer perdió el conocimiento.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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