En la soledad del mar

En la soledad del mar

Septiembre 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Del encuentro de mujeres con el mar, podría recordar ahora esa hermosa oración que es ‘Las Olas’, de Virginia Wolff, los poemas de la puertorriqueña Julia de Burgos o esas epístolas diarias que para el océano escribía Alfonsina Storni. Un día, ella salió sola al encuentro de las olas, y no regresó. Ariel Ramírez y Félix Luna la imaginaron “vestida de mar”, para que Mercedes Sosa la cantara. O ese verso que encontramos en ‘Desolación’, de Gabriela Mistral: “La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde me ha arrojado la mar en su ola de salmuera...”. En todos estos días he pensado en la suerte de Erika Vanessa Díaz, la abogada caleña que salió a bucear en el Pacífico y hasta hoy no regresa.Jairo Ramos Acevedo, compañero de trabajo de Erika, acaba de compartir esta elegía:“Nadie aún ha podido encontrar la razón de la muerte, pero sí de la vida. Ese misterio insondable se nos presenta antes de encontrar la razón de nuestro existir. La muerte es un anarquista indomable e incurable. La vida nos brinda alegría, placer, satisfacción, triunfos, desgracias y sinsabores y toda una gama de insensateces, pero la muerte es incomprendida acaso surrealista a los ojos de la fe. Pero nadie la acepta, ni la admite como un hecho natural. Erika Vanessa Díaz, la amiga, la abogada, la vecina de oficina, se ha ido como Alfonsina Storni, la poetisa Argentina, que se suicidó en el Mar del Plata, al lanzarse desde un acantilado. Y, sin esfuerzo mental, evoco ahora la letra de la canción ‘Alfonsina y el Mar’ que interpreta Mercedes Sosa: “Por la blanda arena que lame el mar/ su pequeña huella no vuelve más, /un sendero solo de pena y silencio llegó/ hasta el agua profunda. /Un sendero solo de penas mudas llegó/ hasta la espuma”. En cada visita de Erika Vanessa a mi oficina, me alegraba esos momentos de la vida, contándome historias fantásticas cada vez que volvía de una jornada de buceo en cualquier mar u océano donde iba, era una fanática indomable, aventurera como su corazón. Pero esta vez, fue muy lejos a los acantilados de la Isla de Malpelo, en los profundos abismos del Océano Pacífico, oscuro y turbulento, como son las corrientes submarinas de Humboldt. “Sabe Dios qué angustia te acompañó/ qué dolores viejos, calló tu voz/ para recostarte arrullada en el canto/ de las caracolas marinas”. La fresca imagen de una mujer juvenil, intrépida, como heredera de esa estirpe del espíritu antioqueño, siempre en busca de aventuras. Hasta el día de hoy han pasado más de una semana y la búsqueda incesante ha sido infructuosa, no aparece su cuerpo ni el otro compañero. Se internaron en las aguas para admirar el santuario natural de vida coralina y de fauna que ofrece ese punto abisal de la isla. Nunca pensaron que la corriente submarina los arrastraría adentro del océano, para quedar a la deriva.Te fuiste Vanessa con tu soledad, “¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?/ Una voz antigua de viento y de sal/ te requiebra el alma y la está llevando/ y te vas hacia allá como en sueños,/ dormida, Vanessa, vestida de mar./ Cinco sirenitas te llevarán/ por caminos de algas y de coral/ y fosforescentes caballos marinos harán/ una ronda a tu lado”. Así en una agonía lacerante nos dejas en los días turbios de un país que busca la paz, y vuelvo de nuevo a entonar la letra de la canción para gritar: “dejemos que duerma la nodriza en paz / y si llama él no le digas que estoy / dile que Vanessa no vuelve. / Y si llama él no le digas nunca que estoy, / di que me he ido…”. Así sin agitar pañuelos blancos en la proa azul de los veleros, con un millón de lágrimas acumuladas en los ojos, te decimos hasta luego y no un adiós, porque siempre estarás en el recuerdo y en el corazón de tus familiares y amigos.Sigue en Twitter @cabomarzo

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