Édgar Álvarez

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Édgar Álvarez

Junio 24, 2020 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

Reconocido como uno de los más destacados pintores latinoamericanos, acompañó desde Cali una vanguardia de la que hizo parte también Ever Astudillo. Enamorado de la música cubana, tiene en su haber más de tres mil discos que acompañan hoy sus días.

Álvarez, quien lo creyera, continúa pintando, dándole la última pincelada a proyectos que había dejado truncos, con la fraternidad y solidaridad de su familia y amigos.

Fue uno de los pocos artistas colombianos que recibió la bendición de la crítica argentina Marta Traba. Considerado en su momento, entre los 70 y 80, uno de los pintores más destacados de América Latina, por la limpieza de su trazo, su arte en el dibujo, y una inventiva que lo llevó a indagar la existencia desde una parodia moderna: las páginas de los periódicos.

Desde niño, coleccionaba periódicos, sobre todo aquellos que anunciaban hechos trascendentales; llegada del Hombre a La Luna, visita del Papa Pablo VI a Bogotá, mientras el país se expandía hacia las ciudades y en alguien como él, crecía la nostalgia del campo, de la finca familiar donde conoció las guanábanas abiertas en la tierra, el canto de los pájaros en las mañanas.

Podría decirse que Édgar Álvarez nació pintor. Su sensibilidad estuvo siempre orientada hacia el lienzo, los óleos, los lápices, los pinceles, y en esa pasión encontró mujeres con sombreros de verano y guantes que miraban absortas las páginas de los diarios, como en remolinos de celuloide; creó para sí mismo y para el mundo, una estética pictórica moderna, emparentada con la escuela de los mejores ilustradores de Norteamérica, y estimulada por el arte Pop. Édgar Álvarez hubiera podido, también, incursionar en el ‘comic’, ilustrar historietas, hacer cine.
Sólo que realizó lo que le dictaba su visión del mundo, la misma que persiste hasta nuestros días y se exhibió, entre otros lugares, en la exposición colectiva ‘Semilla, Herencia y Color’, del Instituto Popular de Cultura, en la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. Una de sus creaciones, también, está junto a la obra de Enrique Grau y la de Fernell Franco en el Club Colombia.

El haber tenido una infancia y adolescencia en el barrio Belalcázar de Cali, es circunstancia que lleva como una medalla; ahí, tempranamente, compartió con Ever Astudillo, Fernell Franco, el nadaísta Elmo Valencia, también conocido como el Monje Loco: “Conocí a todos los bailarines de salsa”, recuerda ahora, él que se precia de tener una envidiable colección de música caribeña que suma más de 3000 discos. Sus amigos a veces tienen dudas con respecto a alguna melodía, y lo llaman para consultarle acerca de cantantes y compositores. Habla hoy de sitios que desaparecieron en el turbión del tiempo, como ‘La Popala’ y ‘La Perfecta’, en el barrio Siete de Agosto. Como otros artistas de Cali, frecuentaba el ‘Séptimo Cielo’, el ‘Honka Monka’, un legendario bailadero donde daban cátedra Félix Veintemillas y Toño Catacolí.

Muy joven ganó la Bienal de Arte del Museo de Antioquia, y su nombre alcanzó un temprano prestigio. Reconocido en Sao Paulo, en Puerto Rico, su obra fue exhibida con éxito en Bogotá y Medellín. Un jurado extranjero de la Bienal, aseguró que su viaje hasta Colombia para fallar en este importante evento, estaba justificado por el asombro que le causó la obra de Édgar Álvarez.

En 1976 recibió el Primer Premio de la Tercera Bienal Americana en el Museo La Tertulia de Cali, y diez años después el palmarés de Grabado Latinoamericano en San Juan, Puerto Rico.

Vive en Miraflores muy cerca de un edificio que emula la proa de un barco. Reconoce cada rincón de su casa. Sus manos palpan las sillas, las escaleras, sabe dónde están sus amados pinceles, los de su pasión, los que le traen la luz que le falta a sus pupilas. Rodeado del amor de su familia, tiene el mapa de la ciudad en su memoria.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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