Armadura para Daniel

Armadura para Daniel

Junio 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Para quienes leemos a Daniel Samper Ospina, cada ocho días en ‘Semana’, es fácil entender que se trata de uno de los periodistas con un manejo magistral del humor, con un grado de ironía llevado muchas veces al extremo, condiciones que hacen pensar en un Daniel Samper Pizano ‘recargado’; su padre, no obstante, siendo una de las mejores plumas del país, nunca llegó a los niveles delirantes que alcanza este nuevo espadachín del periodismo nacional.Las columnas de Antonio Caballero y las de Daniel Coronell languidecen delante de la esgrima de este Samper dispuesto a la pelea sin cuartel, desde el recurso de la risa.Su espacio, no obstante, se ha convertido hoy en el foro de quienes lo denostan, con razones que atañen a su parentesco con el ex presidente Ernesto Samper Pizano; se necesita ser malintencionado para soslayar que el otro día líder liberal urdió el crimen de Álvaro Gómez o se benefició, por voluntad propia, de los dineros del Cartel de Cali.Lo suyo es un caso cerrado, en el cual la Justicia colombiana lo eximió de toda culpa en el ingreso de esos dineros, pero ahora las baterías están enfiladas a comprometerlo con un magnicidio. No conozco personalmente al expresidente, y esto que puede parecer una defensa gratuita, está inspirada más en la percepción que tengo de su carrera política. A su hermano Daniel lo he saludado en dos ocasiones: una vez al pie de un helicóptero que nos llevaría de Guapi a Gorgona, cuando el presidente Belisario Betancur cerró la prisión y le entregó la isla a Inderena, y otra, al término de un vuelo desde Madrid , junto a la cinta de maletas de Eldorado. Creo, como muchos colombianos, que su hermano no tuvo tregua durante su presidencia; no pudo gobernar, asediado por el escándalo de los dineros del Cartel y el Proceso 8.000, circunstancia que impidió su desempeño, una labor para la que se preparó concienzudamente, durante años.El escándalo, el retiro de su visa por parte del gobierno estadounidense, el estar su nombre y apellido permanentemente en la mira de la opinión mundial, se llevó en el camino el humor de Daniel Samper, uno de los más frescos, finos e irónicos del país.Nunca más Colombia volvió a percibir en este periodista, el vuelo poético de otros días, aquel encanto que le granjeó tantos lectores devotos. Daniel Samper se entristeció a su manera, víctima también de la maledicencia que soportara su hermano.Daniel Samper Ospina no puede dejarse opacar por los francotiradores de los foros a pie de columna; los ataques que se le hacen semanalmente son francamente soeces; Colombia no aprende todavía a diferenciar caracteres, personalidades dentro de una misma familia.Los años que ha vivido Colombia en los cuatro últimos lustros, son terribles. Son muchas las familias tocadas por el poder corruptor del narcotráfico; hermanos de generales, hijos de familias patricias, se han visto envueltos directa o indirectamente en la red de este flagelo. Me pregunto: ¿Ser hermano, hijo, sobrino, nieto de un delincuente, convierte también a este colombiano en alguien fuera de la Ley?Colombia debe aprender a distinguir y a respetar y entender que un ciudadano no debe -no puede- encarnar los delitos que se le imputan a un pariente, máxime cuando estos han sido absueltos por providencias de Ley.Daniel Samper Pizano y su vástago, Samper Ospina, tienen derecho a expresarse libremente desde sus tribunas periodísticas, sin tener que soportar semanalmente la diatriba de colombianos cargados de odio.

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