Pilotos estresados

Pilotos estresados

Diciembre 10, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Me lo advirtió hace algunos meses un avezado piloto que labora en una importantísima línea aérea norteamericana, quien palabras más, palabras menos, anticipó que algunos de los nuevos pilotos de Avianca no iban a resistir la carga de trabajo que les han impuesto y que, ojalá Dios no lo permita, se podría presentar un fatal accidente.

Pues ello todavía no ha ocurrido, menos mal, pero no deja de ser muy extraño que en menos de 15 días se hayan presentado dos incidentes gravísimos que ojalá sean investigados a fondo por la Aeronáutica Civil para que determine cómo fueron los hechos.

El primer caso sucedió el pasado 3 de noviembre en el aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena: dos Airbus con 300 pasajeros a bordo estuvieron a punto de chocar en plena pista. El uno de la susodicha compañía Avianca y el otro de Wingo antes Aero República.

Acontece que la torre de control le dijo al jet de Avianca que esperara para que pudiera despegar el de Wingo. Sin embargo, y por alguna razón que debe establecerse, el piloto hizo caso omiso a esta orden y procedió a iniciar el despegue.

Cuál no sería la sorpresa de la tripulación y los pasajeros de las dos aeronaves cuando advirtieron que a los aviones los separaban tan solo 20 metros.

Afortunadamente la situación pudo superarse y nada pasó.
El piloto de Avianca ofreció disculpas al piloto de Wingo, asegurando que no había entendido las instrucciones impartidas. “Disculpe y buen vuelo”, se limitó a decirle al colega de Wingo, luego de reconocer su error.

14 días después, aquí en el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, otro gigantesco avión de Lufthansa debió ser desviado a nuestro terminal aéreo por problemas de mal tiempo en El Dorado, llevándose la sorpresa de que al mismo tiempo un avión, esta vez de Avianca, pretendía también aterrizar.

De nuevo, la buena suerte acompañó a estos gigantes del aire y nada sucedió.

Sobrevino entonces el “Tongo-le-dio-a-Borondongo” entre la operadora de la torre de control y el piloto. ¿Que qué dijo? Que no le entendió. Y al final, las cosas quedaron así con el colombianísimo “tapen, tapen”.

Sin embargo, en la investigación de la Aeronáutica Civil hay un indicio que tiene que ver con lo comentado al inicio de esta columna: que pudo tratarse de una fatiga física o premura para cumplir los itinerarios.

Se supo además que la tripulación del vuelo del 3 de noviembre fue suspendida hasta tanto no se concluya la investigación y que el operador del aeropuerto está en ‘shock’ recuperándose de semejante episodio.
¿Exceso de trabajo? ¿Estrés? ¿Fatiga laboral? Humm, algo raro está sucediendo y la opinión pública exige saber la verdad.

***

Posdata: Se lució Cali con el alumbrado navideño. Es el más sencillo, sobrio y elegante, muy distinto a esos mamarrachos que con sus pescaditos, dragones, elefantes, cerditos y todo un zoológico que flotaba sobre el Río Cali le daba un carácter pueblerino a la ciudad.

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