Los Farallones usurpados

Los Farallones usurpados

Julio 23, 2018 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

El Parque Nacional Farallones, lejos de ser un santuario por sus riquezas naturales y ambientales es hoy un verdadero caos. Declarado como tal hace 50 años alberga en sus casi 200 mil hectáreas una de las mayores biodiversidades del Continente con un ecosistema único en nuestro país que debería ser considerado un lugar sagrado y cuidado como tal y no lo que es hoy: un territorio abandonado en el que está progresando la minería ilegal de manera desaforada, sin que la intervención del Estado haya dado los frutos esperados.

Toda su riqueza ambiental está amenazada por la mano depredadora de quienes talan sus bosques para extraer madera, cultivan coca y marihuana tranquilamente y lo peor, para obtener el oro utilizan el peligroso mercurio que contamina sus aguas y envenena la fauna, la flora y hasta los seres humanos.

Y lo peor es que no hay manera de judicializar como Dios manda a quienes se lucran de esta actividad prohibida. Si mucho los detienen máximo dos días, los sueltan y de inmediato vuelven a su trabajo. Y si son menores de edad, no hay forma de retenerlos y si no tienen papeles, menos.

Estamos hablando de los mineros del Cauca que llegan desde sus pueblos en chivas ante los ojos de las autoridades y se adentran selva arriba a cualquiera de los 24 socavones que no han podido cerrar porque se carece del personal suficiente capaz de ejercer el control requerido.
Es tal la dimensión del problema que un vocero autorizado del parque manifestó a El País en día pasado que “la minería ilegal en los Farallones es incontrolable”, o sea que no hay nada qué hacer y el problema -como tantos otros- se salió de las manos del Estado, constituyéndose en otra vergüenza nacional que se ha mantenido tapada para cuidar la imagen del gobierno .

Tal declaración pasó inadvertida y nadie quiere referirse a ella. Todos le sacan el quite o se hacen los desentendidos. Mientras esto sucede el problema se agranda cada vez más, recordándome cuando comenzaron los sembradíos de coca en Nariño en que se le demostró al Estado -del presidente para abajo- lo que estaba sucediendo y nada se hizo. Solo cuando se creció el enano se vinieron a tomar cartas en el asunto, pero ya era tarde y ahí está ese Departamento sufriendo las consecuencias de tal dejadez que de haberse afrontado a tiempo no estaríamos nadando en la doscientas mil hectáreas que no podrán erradicarse ni por las buenas ni por las malas.

Pero hay más: la violencia que se está generando. Hace no más de 20 días me dicen que fue asesinado el hermano del corregidor de Los Andes -cerca de Pinchindé- porque estaba denunciando con mucho ahínco la situación que se vive en esas montañas. Tal crimen no tuvo resonancia alguna: el muerto al hoyo y el vivo al baile y nada se sabe de la ‘exhaustiva investigación’ que siempre se promete y jamás se cumple.

Y es que esto esa sucediendo a solo 15 minutos de Cali por la carretera que lleva a Cristo Rey y al mencionado Pinchindé en donde hay otro corregidor de quien hablan cosas horribles.

¿Será que el Ministro del Medio Ambiente aprovecha estos diítas que le faltan para cerrar con broche de oro su gestión por esta región que lo vio nacer?

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PD. Bien por la Alcaldía que atendió el comentario de Sirirí y reemplazó las banderas que estaban hechas jirones, feas y desteñidas.

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