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Desplazados desplazadores

Octubre 18, 2021 - 11:55 p. m. 2021-10-18 Por: Mario Fernando Prado

Paradojas de la vida. Algunos de los hermanos venezolanos que con tanto afecto y tolerancia hemos acogido dándoles pan, techo y trabajo nos han resultado un verdadero dolor de cabeza.

No contentos con haber engrosado las bandas que roban y saquean, con invadir las zonas verdes de la ciudad y volver una cloaca los separadores viales, están ahora dedicados al vandalismo amenazante en los semáforos que quedan, muchos de los cuales ayudaron a destrozar.

En efecto, la negativa a acceder a que le limpien el parabrisas se convirtió en una provocación no solo para ser insultados sino que en represalia, es motivo para que le echen orines y hasta materias fecales como castigo; y vaya dígales alguna cosa: se le vienen todos en manada, le patean el vehículo y hasta le rayan la pintura.

Pero lo peor es lo que está sucediendo con los cuida-carros.

De un momento a otro los colombianos que antes facilitaban el estacionamiento y le echaban ojo al vehículo mientras uno hacia las vueltas, desaparecieron como por parte de magia o mejor, de mafia.

No se sabe qué se hicieron, pero lo cierto es que han sido desplazados por venezolanos y esto lo pudo constatar el pajarraco cuando se encontró con un trapo rojo por los lados de El Saladito.

- ¿Oiga hermano, usted que se hizo?
- Pues que me vine a vivir por acá.
- ¿Y qué pasó con su trabajo?
- Me sacaron de ahí amenazándome con que si no me iba, me quiñaban (mataban). Fueron varias veces armados de cuchillos y no me volvieron a dejar entrar a la cuadra así que no tuve más remedio que irme.
- ¿Y ahora quien está en su puesto?
-Una pareja de venezolanos con un niño que tienen alquilado y que lo pellizcan para que llore diciendo que el pobre tiene hambre.

Fue así como me pasé por el lugar donde ‘despachaba’ el cuidador de marras y sí señor, allí estaba la pareja veneca con el hijito alquilado y con cuatro personas más.

- ¿Ustedes son venezolanos?
- No mi llave. Somos cucuteños desplazados.
- Pero hablan con acento venezolano.
- Si es que eso se pega.

Ahí si no me cupo la menor duda.

Pero lo más triste es que una venta callejera de aguacates, de esos que se compran para el almuerzo y que son deliciosos, está ahora cargo de una venezolana que dice que le “vendieron el puesto”, cuando la realidad es otra: también sacaron al dueño con amenazas de muerte.

Y no cerremos esta ignominia sin la cereza el postre: una de la tradicionales ventas de flores a la orilla del río está siendo blanco de un saboteo, del que no son ajenos los jíbaros del sector, quienes le están haciendo la vida imposible al pobre florista que está entre la espada y la pared y al que seguirán acosando hasta que se vaya con sus rosas para otra parte.

Como decía al principio: qué paradoja esta que algunos venezolanas pasaran de desplazados a desplazadores, y todo, por la gracia de Dios, amén.

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