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A cacarear

Octubre 19, 2020 - 11:55 p. m. Por: Mario Fernando Prado

Los empresarios vallecaucanos son poco dados a mostrar lo que hacen. Prefieren un bajo perfil y pasar de agache con una modestia tal que no ha permitido dimensionar los alcances de sus excelentes logros en los campos de la innovación, el desarrollo y la responsabilidad social.

Creo que por esa razón, ciertos sectores de la opinión pública y por no conocer las verdaderas dimensiones de sus actividades, prejuzgan, juzgan y condenan lo que injustamente llaman explotadores capitalistas, exprimidores de quienes consideran sus esclavos y totalmente desentendidos con las urgencias de los más necesitados.

Esta afirmación ha hecho carrera y es un arma que están esgrimiendo los zurdos, izquierdosos y mamertos como plataforma para sus causas políticas cimentadas en falacias, calumnias y mentiras que han ido haciendo carrera ante el silencio de quienes deben decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Es oprobiosamente canalla lo que se dice del sector privado del Valle del Cauca. Que no pagan los salarios justos. Que se embolsillan las prestaciones. Que le hacen trampas al Estado. Que le roban al erario público. Que están aprovechando la pandemia para echar gente. Que contratan nuevo personal con salarios de hambre y muchísimas cosas más.

Y lógico, Juan Pueblo al escuchar esta sarta de infamias vomitadas por padres de la Patria, sus lacayos y quienes se auto califican como defensores de los más desprotegidos, come cuento y se suma a las banderas de los desposeídos que con sus votos harán la gran revolución del proletariado.

Esto se está cocinando a fuego lento y no tan lento, con miras a la toma del poder ya no por las armas porque no pudieron sino por el voto popular.

A eso le apuestan y tienen recursos provenientes de sus socios -la narcoguerrilla y los dineros del vecino- sin contar con lo que le sacan disfrazadamente al Estado, ordeño que torpemente permite.
¿Y nuestros empresarios, qué? calladitos la boca, encerrados en sus cuatro paredes, haciendo sonar la orquesta del Titanic mientras llega el naufragio y a esto se lo lleva el diablo.

Odiosas pero necesarias son algunas veces las comparaciones: miren no más el empresariado paisa que por más que han querido desprestigiarlo no han logrado que la opinión pública se le voltee y todo porque cuenta lo que hace de manera sistemática, estratégica y categórica. Y saca pecho y se siente orgulloso de su raza, de sus logros y de su gente.

Pero aquí impera -repito- el ‘low profile’, el no dar papaya, no darse vitrina y hasta cierto punto el “dejad hacer, dejad pasar” hasta el desastre final.

Y más de los paisas: allá ponen un huevo y cacarean por diez. Aquí ponemos diez huevos y si mucho, cacareamos por uno. Entonces que: ¿Nos unimos o nos jodimos?

***

Posdata.
La minga del Cauca se reúne con Claudia en Bogotá y los indígenas del Cauca se reunirán con Duque en Popayán.
¿Entendieron cómo es el maní?

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