Buenaventura

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Buenaventura

Marzo 16, 2021 - 11:35 p. m. Por: María Isabel Ulloa

Y cómo no hablar de Buenaventura: la ciudad que aloja el puerto más importante de Colombia y alberga una inmensa riqueza natural y cultural. Además, representa una gran oportunidad para aprovechar mejor las potencialidades de la cuenca del Pacífico.

Es una de las más preciadas joyas del Valle. En el marco de la estrategia de atracción de empresas que buscan relocalizarse, Invest Pacific y Procolombia identifican al puerto como una de las mayores ventajas competitivas del departamento. En 2019, en Buenaventura se recaudaron por aduanas $7,9 billones, la cifra más alta del país, y solo en 2020 por allí entró el 35% de las toneladas importadas a Colombia.

Sin embargo, también hablamos de Buenaventura por sus deficiencias sociales. Uno de cada cuatro hogares no tiene acceso a agua mejorada o manejo adecuado de excretas. Esto se suma a los graves problemas de seguridad y economías ilegales que tienen en el distrito su centro de actividades, dejando 111 homicidios en 2020.

Con frustración conocemos las limitaciones que se tiene en Buenaventura para realizar proyectos estratégicos. Algunos consideran que estas iniciativas son solo para beneficio del puerto y no de la ciudad.
Sin embargo, es importante citar algunas que también se han parado, por ejemplo, la segunda línea de trasmisión eléctrica, cuyos beneficiarios principales hubieran sido los ciudadanos. A esto se suman las capturas de alcaldes y funcionarios de Buenaventura acusados de mal uso de los recursos públicos. Algo inaceptable y vergonzoso.

Si se quiere buscar responsables de la situación actual de Buenaventura, entonces todos lo somos. Gobierno nacional, departamental, local, congresistas, empresarios, fundaciones y comunidades, todos debemos asumir nuestra parte. Así mismo, debemos reconocer los avances, de los cuales, también, todos hemos sido protagonistas. Sin duda insuficientes aún, pero permiten ver con algo de esperanza el futuro. Buscar culpables no soluciona nada, y sí puede hacer daño. Debemos aferrarnos a esos pasos positivos que se han dado, para caminar hacia una real agenda de desarrollo. Una agenda que permita construir una ciudad con puerto y no un puerto con ciudad.

Para esto, hacer el Plan Integral Especial para el Desarrollo de Buenaventura (PIEDB) y terminar de formular el Plan de Ordenamiento Territorial, es una obligación. En paralelo, se debe poner a funcionar el Fondo para el Desarrollo Integral del Distrito (FonBuenaventura), como gran ejecutor de la agenda común. También, se debe tener un equipo estructurador de proyectos que los piense y plantee desde el territorio.
Así mismo, seguir fortaleciendo la calidad educativa, que incentive los emprendimientos y dé a los jóvenes educación pertinente que facilite su paso al mercado laboral. No se puede perder de vista seguir fortaleciendo el Hospital Luis Ablanque, no solo en su infraestructura, sino en la calidad de su atención. Por último, enfrentar los temas de inseguridad con visión menos coyuntural, más estratégica y de largo plazo, y por fin sacar adelante el acueducto y alcantarillado.

Es una equivocación estigmatizar a las comunidades étnicas. Son muchos los líderes con vocación genuina y espíritu constructivo que no le dan un mal uso al mecanismo de consulta previa. Sin embargo, desafortunadamente existe y terminamos enfrentados a una minoría que hace daño, no sólo a Buenaventura sino a sus mismas comunidades.

Puede ser una visión soñadora, pero tenemos todo lo que necesitamos para empezar a hacer de Buenaventura algo diferente. Tenemos que pensar en la juventud bonaverense, líderes valientes y comprometidos del Distrito, están dispuestos a sumarse y sacar adelante iniciativas trasformadoras. Para lograrlo debemos trabajar juntos, gobiernos, empresarios, fundaciones, congresistas y comunidades, sin estigmas, calificativos o dobles agendas.

* Directora Ejecutiva de ProPacífico
Sigue en Twitter @MariaIUlloa 

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