¿Y de las raíces árabes, que?

¿Y de las raíces árabes, que?

Septiembre 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Se avecina una nueva reacción occidental contra el grupo radical árabe Isis o el Estado Islámico que pretende recobrar primacía territorial y avanzar hasta España. Y esta ofensiva llegará acompañada de la consecuente satanización que presenta a los árabes, al mundo musulmán como una amenaza a la que hay que temerle. Difícil mayores equivocaciones en la política internacional del Departamento de Estado regida por una intolerancia chata que no permite que los países resuelvan sus problemas sin intervenir. El Estado islámico es resultado de esa incapacidad de aceptar que las lógicas occidentales no son universales y que las culturas y las tradiciones pesan de manera determinante.El repudio hacia los árabes se disparó con los ataques del 11 de septiembre. El presidente Bush, en su cruzada contra el mal, acolitada por su círculo de poder inmediato, los señaló como “el eje del mal”. Una combinación de furia y miedo que se transformó una guerra que resultó un error histórico que no solo ha costado miles de vidas sino que terminó incendiando peor el Medio Oriente. Por cuenta de esta locura se destruyeron las maravillas de un país como Irak, cuna de civilización con referencias bíblicas como el paraíso terrenal, las Mil y una noches de Baghdad y sus museos, majestuosos guardianes de tesoros ancestrales de la humanidad. Todo enterrado, evaporado por el delirio bélico de las bombas y los tanques. Similar a lo ocurrido en las lecciones de historia con las que crecimos y que se siguen repitiendo en los colegios. Se nos transmitió la referencia de una madre patria, una España de reyes católicos triunfantes, Isabel y Fernando, que con el poder de la espada y la cruz habían logrado desplazar a moros y judíos quitándole todo el protagonismo a los seis siglos de esplendor y civilización que tuvieron estos dos pueblos en las tierras de Iberia cuando estos convivían sin odios ni rencores. Sin matarse.Allí está en Granada la maravilla de La Alhambra, el majestuoso palacio de los Nazaríes con sus refinados trabajos en estuco y madera, sus coloridos mosaicos, la armonía y el equilibrio de las formas arquitectónicas, que expresan un sentido desbordante pero sutil del goce de la vida; sin duda uno de los lugares más bellos del mundo; y los suntuosos jardines del Generalife o los Alcázares de Sevilla y el bosque de columnas de la gran Mezquita de Córdoba o los llamados pueblos blancos de Andalucía, para confirmar que lo que había allí, el esplendor del mundo árabe, cuando llegaron los españoles y se propusieron conquistar con el poder de las armas, el castigo y la cruz, era demasiado grande. Imborrable.Por esas coincidencias de la historia, el mismo año, 1492, en que Cristóbal Colón llegó a América, los reyes católicos terminaron la reconquista con la toma de Granada. Así que aquellos españoles que llegaron a América por la ruta de Cádiz y Sevilla, eran árabes con ocho siglos de asentamiento en Andalucía, y fueron ellos precisamente los que moldearon Hispanoamérica. Una cultura, la musulmana, y un pueblo, el árabe, que antes que satanizar merecen reconocimiento, pero que además está presente en el ADN latinoamericano. Un pasado, unas raíces, una genética, una historia imposible de borrar.

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