‘Tate quieto’ al acoso en la U

Escuchar este artículo

‘Tate quieto’ al acoso en la U

Octubre 10, 2019 - 11:50 p. m. Por: María Elvira Bonilla

El recién posesionado rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, puso el dedo en la llaga. Entendió que el acoso sexual es uno de los principales problemas a atender dentro de la comunidad universitaria y se propuso enfrentarlo como parte de sus acciones inmediatas y prioritarias. Se trata sin duda de un repugnante fenómeno social y cultural con profundos efectos frente a los valores y la ética a la que está llamada a construirse dentro de la universidad.

Valiente y frentero como siempre, Gaviria cogió el toro por los cachos y actuó en contravía a sus colegas rectores. Las denuncias y los runrunes de pasillo son el pan de cada día en los centros académicos donde la verticalidad de la valoración académica, un poder ejercido de arriba hacia abajo donde el profesor es quien tiene la verdad y el estudiante, un ser impreparado que está ahí para aprender, se convierte en el caldo de cultivo perfecto para los abusos y el favoritismo.

La reacción generalizada de los rectores es la del tapen tapen para proteger un supuesto prestigio institucional. Manejan el asunto -por lo demás vergonzoso- como si se tratara de casos aislados, manzanas podridas que hay que sacar de la canasta, con castigos ejemplares, individuales, forzando el retiro de docentes o directivos sin hacer ruido.
Los jubilan, hacen acuerdos y, en fin, los desaparecen discretamente después de aparatosos procesos disciplinarios internos, en los que muchas veces las denunciantes terminan callándose. Gaviria se puso del lado de las jóvenes estudiantes y seguramente va a propiciar un cambio cultural que va a dejar huella.

Precisamente es en la Universidad de Los Andes donde han surgido iniciativas como la de ‘No es normal’, para evidenciar el hostigamiento de docentes hacia alumnas, que aunque revestido de sutileza y cortesía, no puede leerse como natural y dejarlo pasar por alto. Cuando de acoso se trata no hay términos medios, y de ahí que ésta iniciativa hubiera provocado un incremento de denuncias de mujeres violentadas tanto verbal como físicamente, que fueron incluso leídas públicamente o compartidas en redes sociales en ‘La olla comunitaria de denuncias’; donde aparecieron nombres y apellidos de personajes que aún están en la Universidad y muy seguramente le llegaron al oído del rector.

Son muchos los casos en universidades públicas y privadas pero además encuestas realizadas por psicólogos y profesionales de peso que revelan al detalle el manejo hipócrita de evaluaciones y estímulos académicos para lograr favores sexuales de estudiantes, que aunque empiezan a contar, sigue siendo de una manera tímida.

El #MeToo (a mí también) que ha producido remezones drásticos en el mundo y en instituciones tan cerradas y jerarquizadas como la Iglesia Católica, en la política y en el mundo del espectáculo, que ahora último se llevó por delante al gran Plácido Domingo quien terminó dejando el Metropolitan por la puerta de atrás, aún no adquiere en Colombia la fuerza que se necesita para generar cambios. El pudor, el miedo a la represalia y la inseguridad frente a unas jerarquías que siguen siendo patriarcales terminan paralizando y dejando ahogar los hechos repudiables en una calma chicha inercial que solo actitudes ejemplarizantes desde el poder, como la que acaba de tener Alejandro Gaviria, pueden romper.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS