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Sanders y Gaviria: soñadores

Febrero 20, 2020 - 11:50 p. m. Por: María Elvira Bonilla

Bernie Sanders, el senador precandidato demócrata me recuerda a Carlos Gaviria. Admirable su vehemencia, su fuerza y convicción para no transar y decir las cosas por su nombre. Sin eufemismos. Así era Gaviria, el ausente: muerte tan prematura y triste la suya. Me lo recuerda su pinta, las canas, la solidez argumentativa, el vigor. Tenía los mismos 77 años que el guerrero Sanders.

Carlos Gaviria se enfrentó electoralmente a Álvaro Uribe, quien buscaba su reelección en el 2006. Obtuvo 2 millones de sufragios. Uribe había sido su alumno, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde Gaviria sobresalió como un profesor estrella. Ya entonces había dado duras peleas en defensa de los derechos humanos, desde cuando en 1976 formó parte del Tribunal Russell sobre crímenes de guerra en América Latina, ante el que denunció los atropellos del Estatuto de Seguridad del régimen de Turbay Ayala. Había sobrevivido a la persecución paramilitar que había acabado con la vida de sus colegas compañeros en el Comité de Derechos Humanos de Antioquia, Héctor Abad Gómez y José María Valle, que lo llevó al exilio a Argentina para salvar su vida.

Con todo este equipaje logró ser elegido como uno de los magistrados de la primera Corte Constitucional. Sin manzanilla legislativa de por medio, primó su prestigio académico y solidez jurídica que el entonces senador Uribe fue el primero en reconocer. Esa primera Corte puso una vara alta por su composición y manera de tramitar el debate jurídico.

En esto, las sentencias de Carlos Gaviria como magistrado, fueron ejemplares, verdaderos hitos jurídicos y éticos, varios de éstos asociados al principio del libre desarrollo de la personalidad con la despenalización de la dosis mínima de marihuana, la legalización de la eutanasia -la muerte digna o ‘el homicidio por piedad’-, que el Congreso rehúye reglamentar y los primeros pinitos frente a la decisión de interrumpir el embarazo.

Su fuerza argumentativa, su fortaleza personal y su convicción moral no lograron batirse en el espeso mundo de la política donde quiso participar para construir un país mejor donde las decisiones jurídicas se pudieran hacer realidad. Su fallida experiencia política mostró que un pensador obsesionado con la conducta moral, con el discernimiento entre lo bueno y lo malo está condenado a perder en ese universo de la mentira y la simulación.

Gaviria terminó ahogado por los pequeños cálculos y los grandes egos e intereses personales, que lo dejaron tendido en el camino, incluso hasta con un poco de amargura. Terminó por morir como tantos hombres bien intencionados que han buscado cambiar la política para abrirle camino a un país distinto: solo, como un náufrago en medio de sus sueños.

Algo de esto puede ocurrirle a Sanders en el complicado escenario electoral norteamericano con un Trump desbocado. No importa que sus ideas conecten con la esperanza de los jóvenes y que cuente con una red de 1 millón de voluntarios, ni el significativo logro de haber recaudado más de USD 100 millones con el 56% proveniente de pequeños contribuyentes (menores de USD 200). Porque lo grave y paradójico, es que de ganar Bernie Sanders la nominación como candidato demócrata, el triunfo de su antagonista Donald Trump y su reelección será casi seguro.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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