Ordóñez, de rezanderos y pecadores

Ordóñez, de rezanderos y pecadores

Septiembre 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Desde el primer día en el que resultó reelegido por el Congreso hace tres años y medio, Alejandro Ordóñez sabía que su elección había sido espuria. La demanda llegó al Consejo de Estado desde comienzos del 2013 con argumentos imbatibles que probaban que, aprovechando su condición nombró en la Procuraduría parientes de tres magistrados cuyo voto sería definitivo para terminar postulado por la Corte Suprema de Justicia. Un delito contemplado en el Artículo 126 de la Constitución, frente al cual Ordóñez prefirió hacerse el de la vista gorda para poderse sostenerse como un monarca en el poder y cumplir a fondo su misión divina, ungido por el Redentor cuyo crucifijo presidía su despacho en el centro de Bogotá.Una misión vuelta cruzada contra los derechos de la población Lgtb; contra las mujeres que interrumpen voluntariamente el embarazo; contra ateos y no católicos que buscan vivir tranquilos con plenos derechos ciudadanos sin amarres a ningún credo religioso y últimamente y con vehemencia, contra cualquier forma de apoyo a la negociación del gobierno con la guerrilla de las Farc. Una misión autoproclamada purificadora de un enviado divino pero que resultó pecador en la tierra.Ordóñez se metía olímpicamente a la alcoba de la gente intentado reglar como un sumo pontífice el comportamiento individual desde el poder de una institución dentro de un Estado laico. Y logró contagiar de ese fanatismo a los funcionarios de los que se rodeó en estos siete años largos, que lo veneraban; su presencia era omnipresente en el edificio a través de pantallas de televisión en las oficinas, los corredores y los ascensores en las que se trasmitía repetidamente un video sin fin sus intervenciones pontificadoras que resonaban como sermones sin púlpito.No se puede saber si su conciencia lo taladraba recordándole sus maniobras irregulares, como ocurre con muchos mortales que logran íntimamente reconocer las malas actuaciones. Pero en el caso del Procurador el acumulado de poder fue tan grande que se convirtió en una suerte de ‘Gran hermano’, vigilante y férreo, llamado a encausar un rebaño desobediente. Sólo que sin autoridad moral para hacerlo.El Consejo de Estado tumbó la elección de Ordóñez, en una votación incontrovertible de 14 contra 5 votos. Aunque la ponencia pedía la nulidad por cinco cargos, bastó con el primero para destituirlo. Sus pretensiones presidenciales pueden verse obstaculizadas porque muy seguramente su caso va a llegar a la Corte Suprema de Justicia como un delito similar al de la cúpula uribista condenada por haber completado los votos para habilitar al ex Presidente su reelección con cruce de favores y nombramientos.En una argucia mediática, Ordóñez quiso victimizarse y confundir con una tesis falsa que le permitiera asociar su salida a un resultado de las negociaciones en La Habana. Pero nada que ver. Su caso debió haberse resuelto cuando el proceso de paz estaba aún en pañales, tres años atrás, sólo que a punta de recursos leguleyos y de intrigas del propio Ordóñez, consiguieron entorpecer y dilatar la decisión casi que hasta la conclusión de su período. Una vergüenza para la Justicia. Repugnan quienes como líderes manejan esta doble moral. Una cosa es lo que predican y otra la que practican. Y en esto, el procurador Ordóñez resultó campeón.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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