¡Nos mamamos!

¡Nos mamamos!

Agosto 23, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

La imagen de Antanas Mockus entrando a la Catedral de Bogotá en un video llamando a votar por la Consulta Anticorrupción este domingo, impacta. No es cualquier persona el protagonista del spot. Se trata de un pionero a la hora de mostrar que los actos pedagógicas son transformadores y son indispensables para educar en la cultura ciudadana; Antanas Mockus, un referente de pulcritud y transparencia que ha insistido desde siempre en que la legalidad, el comportamiento cotidiano sin trampas ni atajos, sin mentiras, es el único camino para salir adelante como sociedad y como país.

Con su talento comunicacional imbatible a la hora de contactar el imaginario colectivo, Mockus escogió la solemnidad de un templo y el símbolo de las campanas para enviar su mensaje. Sube lento, con dificultad, sin disimular el esfuerzo recorre paso a paso unas gradas pendientes hasta lo más alto de la iglesia y desde allí comparte su pensamiento con serenidad, pero con urgencia:

Esta es la catedral Primada de Bogotá . Vine a este lugar para llamar a la reflexión. Debemos unirnos para decir ‘no más’ a la corrupción. Subí al punto más alto de la catedral, el campanario. Durante siglos las cosas más importantes se anunciaban desde las iglesias con las campanas. Esta vez vine a hacer sonar las campanas para alertar a Colombia. Es muy importante que este 26 de agosto votemos 7 veces Sí la Consulta Anticorrupción. Ustedes y yo nos merecemos un mejor país, un país que entienda que lo público es sagrado.

Necesitamos más de 12 millones de votos. Por eso invitamos a que salgan con su familia, con sus amigos a votar. Hagamos de Colombia un país honrado.

Reproduzco el mensaje #7CampanazosPorElSí porque la situación en materia de corrupción es calamitosa. Como país, como sociedad. Se pierden anualmente $1 billón en los bolsillos de muchos (pero en la perspectiva de 50 millones de colombianos, de pocos) corruptos, de menor y mayor calaña.

Los pillos no siempre son funcionarios públicos como a veces se intenta presentar, son contratistas, empresarios grandes y pequeños, profesionales, gente de todos los oficios atrapados por la corriente de la ilegalidad como medio para lograr propósitos individuales; abusadores que utilizan sus condiciones de poder en menor o mayor grado, aún en las relaciones cotidianas, para aprovecharse y obtener ventajas.

En el escenario macro, de lo público, se trata de la captura del Estado, dirigida a favorecer intereses particulares a través de la compra, la transacción de decisiones a través de contratos económicos y/o sentencias judiciales, involucrando el escenario que debía ser intocable, de la justicia. Los efectos no son solo materiales sino que han revolcado el comportamiento social y colectivo que se reflejan dramáticamente en hechos de la vida diaria. Los pícaros, entendidos como los más vivos, son bienvenidos y no rechazados socialmente. Se trafica por plata y hasta con la vida humana.

Esto hay que pararlo. Y el referendo del domingo es un primer paso, una oportunidad única. Es el arma que tiene la ciudadanía para forzar al Congreso a aprobar las drásticas leyes anticorrupción -los políticos nunca se van a autorreformar-, con un mensaje contundente. Un ¡No más! Un imperativo no solo racional sino visceral. Vamos a votar porque ¡nos mamamos!
Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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