Las lecciones de El Hatico

Las lecciones de El Hatico

Junio 06, 2019 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Tengo grabada la imagen de Carlos Hernando Molina, el motor del ejemplar proyecto agroecológico de El Hatico, en El Cerrito, Valle, con un puñado de tierra negra fresca y fértil que acaricia en la mano, admirado con el movimiento de bichos y lombrices que se mueven: esto es vida, exclama abrumado como quien tiene una joya en las manos, al tiempo que explica al detalle la manera cómo con trabajo y persistencia han preservado este, el activo más valioso en la agricultura: el suelo.

Sorprende todo en El Hatico, una hacienda del Siglo XVIII heredada y conservada por los hermanos Ciro y Carlos Hernando Molina pero que ya va en la sexta generación. Quien aseguró la continuidad, el patriarca Carlos Hernán Molina, un agricultor nato y raizal, a sus 93 años no disimula el orgullo de haberse dejado contagiar por la moda de la época de sembrar hasta el último milímetro y haber conservado los árboles y el bosque en medio de los potreros; y además haber combinado, extraño en la tierra plana del Valle, la siembra de caña con la ganadería de leche que los ha salvado de los vaivenes del sector.

Entendió, ya a mediados de los años 90 junto a sus hijos Carlos Hernando y Enrique -cuando la conservación ecológica era un anatema para la agrioindustria como sigue siéndolo para la mayoría de empresarios agrícolas-, la necesidad de darle un viraje al negocio para sobrevivir en el campo: tocaba invertir en la calidad de la tierra, finalmente lo único que cuenta para hacer buena agricultura.

Las luces se las prendió un estudio apoyado por un experto de la CVC en 1994, que encendió las alarmas sobre agotamiento de la tierra por un siglo de agricultura extractiva y la necesidad de realizar un cambio radical para recuperar nutrientes. Una situación homologable al cultivo de caña a lo largo del valle del río Cauca. Los Molina iniciaron su gran apuesta de reconversión, a sabiendas que tomaría tiempo. Aparecían entonces como unos quijotes ilusos de cara a un sector azucarero y ganadero cortoplacista enfocado en la rentabilidad inmediata. Pero insistieron.

La persistencia ha dado sus frutos con creces y El Hatico se ha convertido en una referencia obligada de productividad con equilibrio ecológico, un ejemplo de producción de caña sostenible, un modelo que ha empezado a hacer carrera tímidamente en el Valle del Cauca, completamente sintonizado y de manera prematura con la tendencia del mercado que busca cada vez más productos orgánicos saludables.

Los Molina suspendieron la quema del bagazo de caña que termina transformado en abono y los venenos químicos han sido sustituidos por un rebaño de ovinos que recorre los surcos que se alimenta de malezas. Los pastos para el ganado están protegidos por sombríos con crecimiento libre, y ya producen leche y queso orgánico, sin traza química.

Además de rentable en productividad de caña por plaza también se les reconoce un valor agregado entre 15 y 30%, al punto que ingenios como Providencia han empezado el mismo rumbo con 4500 hectáreas certificadas dedicadas a las mieles orgánicas. Como un profeta Carlos Hernando Molina comparte la experiencia de Reserva Natural El Hatico y no desaprovecha cualquier foro y como cabeza de Procaña intenta convencer de las bondades de producir sano siendo rentable y de paso ayudar a salvar el planeta.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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