La traición a Gabo

La traición a Gabo

Marzo 15, 2019 - 06:47 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La noticia circuló de manera discreta a través de un videíto en redes sociales anunciando que Netflix había cerrado un trato para producir una serie inspirada en la inmortal ‘Cien años de soledad’. Triste coincidencia: este 17 de abril se cumplirán cinco años de la muerte de Gabo, un mes después de la decisión de sus dos hijos Rodrigo y Gonzalo García Barcha de haber aceptado la oferta del gigante de la televisión que ha puesto a tambalear el negocio audiovisual en el mundo. La vocación de Netflix es entretener con series, historias dosificadas en el tiempo y ha sabido hacerlo con una oferta avasalladora que cambió los hábitos televisivos.

Además de la millonaria transacción, justo un par de años después de la familia haber recibido de la Universidad de Texas USD 2 millones por los archivos de la correspondencia y los manuscritos del Nobel, Netflix amarró a los hijos de Gabo con una atractiva oferta adicional: serán productores asociados. Aparentemente la disculpa parecería sensata pues los herederos podrían intervenir para asegurar la calidad de la adaptación, pero el tema es mucho más de fondo y a juzgar por comportamientos anteriores, sin duda el peso de la oferta cuenta y mucho.

Don dinero mandó una vez más y esta vez de manera burda, en contravía absoluta con la voluntad del autor de ‘Cien años de soledad’, el único verdadero dueño de la obra y que los herederos han debido respetar y no contrariar su voluntad ni sus convicciones. En más de una ocasión Gabo se refirió a las ofertas recibidas para la adaptación de ‘Cien años de soledad’ y no propiamente para televisión, sino al cine, que lo apasionaba tanto como la literatura. Su respuesta fue siempre la misma: un no rotundo. Porque la tenía clara.

Su argumento quedó impreso. Gabo pensaba que la gente lo leía masivamente porque se identificaba libremente con episodios y personajes, hasta volverlos parte de sus vidas. Una identificación íntima y personal que una película echaría a perder porque la imagen constriñe, direcciona. Gabo respetaba la libertad de los lectores que ponen a volar la imaginación a partir de la realidad que con la magia de la palabra logra construir. Literatura es literatura y cine es cine, decía. “Mis libros son novelas y quedan como novelas. Otra cosa es escribir guiones para películas y otra, para televisión; son independientes. La novela tiene la ventaja de dejar un margen de creación al lector que no le deja el cine. La imagen es demasiado impositiva, de definición total; en la imagen se sabe cómo es la cara del personaje. En la literatura, por mucho que se describa, con precisión y detalles, el lector siempre tiene la posibilidad de llenar un margen de imaginación que queda”. Y más con una obra tan universal como ésta.

Gabo no quería que ningún director de cine y ahora de series de televisión, manipulara con su interpretación ‘Cien años de soledad’. Cuánto más se estremecería si supiera que la motivación del jefe de productos en español de Netflix para iniciar la aventura fue el éxito de la serie Narcos con el que comprobó el potencial del público hispanoparlante. Una razón de más para mi frustración y anticipar que el resultado será un fiasco; una vulgar caricatura de Macondo que convertirá el provocador realismo mágico en una gran charada.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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