La pocilga norteamericana

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La pocilga norteamericana

Febrero 11, 2021 - 11:50 p. m. Por: María Elvira Bonilla

El juicio a Donald Trump desnuda como nunca antes la degradación a la que ha llegado la política cuya razón de ser estriba en la defensa de los intereses centrales y generales de la sociedad, al quedar reducida a una búsqueda de beneficios individuales, esclava del cálculo y la pequeñez, corroída por la ambición y la vanidad. Son tristemente las motivaciones de la mayoría de quienes llegan a los congresos, como sucede en Estados Unidos, la autoproclamada cuna de la democracia. Democracia cuestionada y amenazada, como hemos visto en los últimos cuatro años.

Los videos del minuto a minuto de la toma del Capitolio por parte de los seguidores de Trump el pasado 6 de enero, fecha en la que el Congreso formalizaba el triunfo de Joe Biden, base del impeachment -la destitución-, son un horror. Se hizo visible la descomposición de una sociedad considerada referente de la civilización occidental, de la modernidad, del ejercicio de las libertades individuales.

Muestran hasta dónde la horda embravecida brutalmente azuzada por el presidente de la República micrófono en mano, un Trump que a punto de trinos, cien diarios, les llenó la cabeza y el corazón de mentiras, se proponía ir hasta el final, con el asesinato del vicepresidente Mike Pence a quien señalaba y condenaba como traidor, pues Trump los convenció de que él podía reversar el resultado electoral. La otra condenada por el Presidente, la presidente de la Cámara Nancy Pelossi, ella la contradictora que más odiaba -crazy Nancy- la denominaba Trump.

Muestran a los congresistas en el suelo, escondidos detrás de sus curules, en la angustia de comunicarse con sus familias en lo que creían sería la llamada final, la de la despedida. Y a unos policías desprotegidos intentando detener la horda desquiciada para proteger a los parlamentarios y resguardar al vicepresidente. Muestran la infamia de un Presidente que nunca pidió refuerzos militares de la Guardia Nacional, como sí lo hizo inmediatamente para aplastar las marchas ciudadanas desarmadas de Black lives matter. Mientras tanto guardó silencio cuatro horas, hasta que habló para felicitarlas e indicarles que se fueran para su casa. Un Presidente desquiciado por una derrota electoral.

A la gravedad de hechos cuyas imágenes han recorrido el mundo se suma la actitud de sus copartidarios republicanos que parecen estar dispuestos a cerrar filas para proteger a Trump. Se requiere de 2/3 de los votos para declararlo culpable. ¿Y por qué? Para proteger su curul al reconocer la inmensa influencia de Trump sobre las bases del partido Republicano, sus electores. No miden el significado que tendría pasar por alto y dejar en la impunidad las actuaciones premeditadas y criminales de un Presidente que violó toda norma en el ejercicio de su cargo.

De Trump no se espera nada, pero sí de los congresistas de su Partido Republicano que tendrían que mirar más allá de las narices de la próxima campaña y de su seguridad, para pensar en su responsabilidad con la democracia. La no condena política de Trump sería la mayor burla e irrespeto a la democracia, a la sociedad americana, a los principios básicos de una ética ciudadana y del ejercicio del poder. Triunfarían la mentira, el cinismo y la violación de las reglas de una sociedad que se dice libre y democrática.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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