Huelo a Buenaventura

Huelo a Buenaventura

Agosto 15, 2019 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

“Cuando llego a Cali mi señora me dice que me bañe porque huelo a Buenaventura”, esta patética frase de Carlos Mira, el gerente de la Sociedad Portuaria en la Asamblea de Accionistas, no solo encendió los ánimos y movilizó la indignidad ciudadana en el puerto, sino que puso al descubierto una actitud bastante generalizada no solo en Colombia sino en muchas sociedades en el mundo donde galopa la intolerancia.

Comentarios como el de Carlos Mira no se escuchan usualmente y no se dicen porque no son políticamente correctos, pero reflejan algo muy de fondo y que recuerdan los múltiples y odiosos chistes que llevan haciendo carreras por décadas. A saber, “un negro con corbata, se pierde el negro y se pierde la corbata” o "el negro sino la hace a la entrada, la hace a la salida” o "parece una pelea de negros", y como todo buen chiste, igual que dichos y refranes populares, expresa verdades, realidades ciertas que por tabúes sociales se ocultan.

Sin embargo, el mundo está cambiando. En otro momento, muy seguramente el comentario de marras, habría pasado desapercibido o habría despertado murmullos y risas en el auditorio. Pero esta vez suscitó una desaprobación inmediata, una sanción social con posibles consecuencias incluso profesionales y laborales para el gerente de la Sociedad Portuaria, una de las más emblemáticas empresas de Buenaventura. En el pasado está el buque insignia querido y arraigado en el corazón de los porteños, pero que con el tiempo se ha ido convirtiendo en un enclave económico más, como tantos otros que extraen riqueza pero poco dejan, con un saldo social en negativo.

La reacción furiosa vino por parte de los jóvenes con su inatajable herramienta y una de las expresiones revolucionarias, para bien y para mal, de nuestros tiempos: las redes sociales. Un espacio de expresión libre y democrático -aunque más emocional que reflexivo-, que empodera la voz ciudadana con la posibilidad de lograr movilizaciones masivas alrededor de propósitos o como motor de protesta social y política, con resultados impredecibles, como se vio últimamente con el gobernador de Puerto Rico y se inauguró en la Primavera Árabe en Egipto, ya hace unos años.

El desafortunado episodio -frente al que además Carlos Mira pidió disculpas públicas- prendió una chispa que estaba dormida, pero presente y represada en la comunidad, sobre todo tocó a las nuevas generaciones, impetuosas y rebeldes frente a cualquier señal del servilismo en que quizás crecieron, pero que pareciera no estar dispuestos a reeditar, aunque por el momento no tengan claro el cauce de sus reivindicaciones. Solo saben que no quieren seguir atados a la discriminación que vivieron a través de sus padres y que están dispuestos a hacer oír su voz, como lo han demostrado. La presión creció como espuma alrededor del slogan ‘Yo huelo a Buenaventura’ que imprimieron en camisetas y vallas, retomando además la canción de Guayacán, ‘un mal olor’. Fue una reacción tan emocional y drástica como efectiva.

Los colombianos, como casi todos los seres humanos, podemos en el fondo tener mucho de racistas, pero lo que está claro es que crece una nueva generación de niches o afros o negros -como quieran llamarlos- que no está dispuesta a soportar situaciones de humillación y exclusión y se van a hacer sentir. Un propósito que ojalá también se expresara en las urnas escogiendo bien a sus gobernantes.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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