El Valle sin su fantasma

El Valle sin su fantasma

Junio 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Durante la última década la presencia del senador Juan Carlos Martínez en la política del Valle ha sido la justificación para explicar por qué las cosas en el departamento salen mal. El PIN, en cabeza suya se convirtió en una verdadera empresa electoral, que gracias a su peso logró controlar puestos claves en la administración, pero sobre todo manejar buena parte de la contratación. Pero sobre todo, y creo que es lo más preocupante, se ha generalizado la cultura del atajo y del todo vale como un comportamiento socialmente aceptado. Resultaba normal que desde su celda manejara con un Blackberry y varios teléfonos celulares su poder regional que pasa por 30 de las 42 alcaldías del Valle. La herencia suya y de su pupilo el exgobernador Juan Carlos Abadía ha dejado un departamento con los recursos para tener un desarrollo ejemplar, atorado en la malversación de las inversiones y el desgreño administrativo. Los próximos escándalos que están por reventar son el de Acuavalle -y las millonarias vigencias futuras que dejó amarradas Abadía y que no se han logrado desatar- y la CVC. La inoperancia de la CVC en la gestión y en las malas inversiones, convertida en un botín burocrático y presupuestal no sólo del exsenador Juan Carlos Martínez, sino el centro de poder de los dos senadores poderosos del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro y Roy Barreras, se ha hecho evidente en la crisis ambiental generada por el invierno, confirmando que los vallecaucanos nos hemos vuelto unos expertos en destruir lo construido durante años. El senador Martínez acaba de ser condenado a 7 años y medio, acusado de concierto para delinquir por sus relaciones con el paramilitar Éver Velosa, alias HH. En sus declaraciones, Velosa siempre lo comprometió con señalamientos que Martínez intentó desmentir inútilmente en la Corte. La pena la tendrá que pagar, aislado, en la cárcel de Barranquilla. Por más audacia, su margen de acción para seguir influyendo en el Departamento está menguado. No podrá participar de manera directa en las elecciones de alcaldes municipales en donde históricamente se ha comportado como un verdadero barón electoral, logrando para su partido el PIN, como lo hizo hace cuatro años, 30 de las 42 alcaldías. El fantasma de Juan Carlos Martínez en el Valle se desvanece y las próximas elecciones de octubre serán la prueba de fuego. Se espera que la clase política vallecaucana y en especial la bancada parlamentaria actúe con perspectiva y no insista en subordinar los intereses generales a su ambición individual de perpetuarse en el poder. Los dos congresistas de la U, Dilian y Roy Barerras beneficiados como ningún otro durante los ocho años del gobierno de Uribe no han mostrado hasta el momento un cambio de comportamiento. Siguen amarrados a sus feudos electorales, decididos a apoyar líderes locales quienes no tienen compromiso con la gente sino con el senador o el representante que los ha promovido, a quienes deben responderles con nombramientos o participación en los contratos. El horizonte político del Valle no se ve claro ni muestra mayores señales de cambio. El voto de opinión sigue adormecido en Cali y parece que no habrán sorpresas, con o sin Juan Carlos Martínez, la historia se repetirá. ¡Qué decepción!

VER COMENTARIOS
Columnistas