El sacudón del Valle

El sacudón del Valle

Junio 21, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

La barrida de Gustavo Petro en Cali y en el Valle es la constatación del fracaso de los liderazgos políticos convencionales y de la ausencia de instituciones eficaces en la región. Vallecaucanos y caleños, por ejemplo, nunca entendimos la importancia estratégica de Buenaventura ni el valor estratégico del Pacífico que lo hemos manejado como el patio de atrás. El chiquero. Se le dio la espalda y se dejó a su suerte con un puerto generador de riqueza pero no para el municipio ni la gente, sino para un grupo de privados que lo han modernizado y lo han puesto a operar como un enclave en medio de la miseria de la Costa Pacífica. Una población afro sumida en la pobreza que vio en el discurso de Petro una esperanza porque supo conectar no solo con sus problemas reales sino con una amargura y frustración encallada por siglos que encontraron en sus palabras y relacionamiento con estos, un fresco.

Logró despertar unas pasiones aplazadas que llevaron a grandes movilizaciones que coronaron en mítines entusiastas en 70 plazas del país que Petro entusiasmó con sus arengas y multiplicó como una ola que se convirtió en una fuerza alternativa. Buena parte del trabajo fue voluntario y no se limitó al proselitismo sino que fue hasta el final con un mensaje claro: cuide su voto. Colocó en cabeza de cada ciudadano su responsabilidad de no permitir los atajos del pasado pero se generó también una importante dinámica a través de los testigos electorales que se hicieron presentes, vigilantes, en el escrutinio. Fueron 30.000 los voluntarios que se comprometieron el día de las elecciones a asegurar un conteo sin trampas ni triquiñuelas.

La política es una fuerza llena de emocionalidad que en Colombia han logrado movilizar dos grandes caudillos, desde orillas opuestas: Álvaro Uribe y Gustavo Petro que se medirán ahora también en el Congreso.
Las maquinarias tradicionales del Valle del Cauca que han cooptado los recursos públicos desde mediados del siglo pasado recibieron un latigazo que los tiene que obligar a reflexionar y entender que o cambian o los cambian. Y la prueba de fuego serán las elecciones locales del próximo año.

De las dinámicas de renovación no se salva nadie. Ni el Partido Liberal cuyas banderas han agitado los Holmes Trujillo, los Abadía y Dilian Francisca Toro, el Negro Martínez, ni los conservadores de Carlos Holguín Sardi y Germán Villegas; ni los herederos de Rodrigo Lloreda como Ubeimar Delgado se salvaron del golpe.

Atlántico y Barraquilla y el Valle del Cauca y Cali fueron los dos palos electorales del domingo pasado en las que las maquinarias, solidas, engrasadas presupuestalmente y afianzadas de tiempo terminaron barridas por los electores. Empiezan a moverse las aguas, el voto suelto e independiente es cada día más una realidad con la que no se puede jugar y el nuevo presidente Iván Duque tiene la oportunidad de liderar cambios urgentes y si no le pasaran la factura porque el fervor popular que ha despertado Petro canalizando las voces de insatisfacción y rabia parecería ser indetenible.

Lo cierto es que se ha abierto un interesante horizonte político en el que el ciudadano cada día empieza a ser menos un espectador y mucho más un actor, un factor de cambio que ejerce sus derechos frente a los cuales los gobernantes no pueden seguir haciéndose los de la vista gorda.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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