El coco de la justicia

El coco de la justicia

Septiembre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El caballito de batalla de la oposición especialmente del expresidente Uribe frente a los aAcuerdos de La Habana que se traduce en el No al plebiscito es la supuesta impunidad pactada entre el gobierno y la guerrilla de las Farc. El Acuerdo final creó la Jurisdicción Especial para la paz como una fórmula temporal y especial de justicia que satisfaga los derechos de las víctimas y contribuya a la construcción de una paz estable y duradera. Se busca responder a la transición de una situación de anormalidad generada por el conflicto a la de una sociedad en paz en la que los conflictos sociales y políticos se enfrentan y resuelven de una manera democrática y no violenta. Esta busca privilegiar a las víctimas, algo novedoso en la experiencia colombiana, restaurar sus derechos y dignidad vulnerados y repararlas simbólica o realmente del daño sufrido. Se aparta del carácter punitivo, de castigo de la justicia convencional.Este sapo difícil de tragar, como dicen los promotores del No, es la columna vertebral del acuerdo. Por una razón simple. Porque la decisión de la negociación política con las Farc es el resultado de aceptar que el conflicto interno colombiano no tiene ni un ganador ni un perdedor: ni las Farc hicieron la revolución por la vía armada ni el Estado derrotó militarmente a la guerrilla, lo que le hubiera permitido imponerles las condiciones de una rendición.“La guerra siempre ha estado, y nadie militarmente la ha ganado, es la hora de negociar”, fue el presupuesto de partida. Una situación que también reconoció el presidente Álvaro Uribe cuando autorizó los contactos con las Farc en su segundo gobierno a través de los mismos facilitadores que continuaron el trabajo hasta consolidar la negociación con Juan Manuel Santos en la Presidencia. Así lo contó públicamente en el Foro Cali epicentro de paz y desarrollo, uno de los protagonistas Alejandro Éder, quien participó como funcionario en ambos procesos y Henry Acosta Patiño, el hombre clave, quien con discreción y tino hizo todos los intentos para concretar un diálogo con las Farc en el gobierno Uribe y que finalmente tomó forma con Santos, y cuyo testimonio se conocerá en un libro de Random House que está próximo a salir.No hubo vencedores ni vencidos. Una guerrilla que no fue derrotada jamás habría aceptado firmar un Acuerdo para salir con las manos esposadas rumbo a una prisión. Se logró el mejor posible, dice con razón Humberto de la Calle y esto incluye el mecanismo de justicia acorde con esa realidad, y que además acaba de ser respaldado por la fiscal de la Corte Penal Internacional, la gambiana, Fatou Bensouda.Un espaldarazo que despeja dudas infundadas frente a la supuesta impunidad. “(…) Noto con satisfacción que el texto final del acuerdo de paz excluye amnistías e indultos para crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra bajo el Estatuto de Roma”, dice en su comunicación la dura Fiscal de la CPI. Habrá rendición de cuentas, confesión de la verdad y castigos, duros y drásticos, pero que no cumplirán tras las rejas. Sin embargo esto no es impunidad. Está claro que la desinformación y el miedo no pueden ser las armas para intentar alejar a Colombia de la posibilidad de recorrer un camino tan inédito como necesario que permita tener finalmente un país en paz.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

VER COMENTARIOS
Columnistas