Amor de viejos

Amor de viejos

Diciembre 27, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Toda novela de Gabriel García Márquez resultaba una novedad y se agotaba en las librerías al minuto de estar a la venta. Ocurrió con Cien años de soledad, pero también con El amor en los tiempos del cólera, publicada 20 años después, en 1985. A pesar de sus 450 páginas, como todos los relatos de Gabo se leía casi de un tirón; lecturas devoradoras, al galope, sin parar. Consigue siempre y de manera magistral, construir una trama entretejida con minuciosidad, montada sobre unas estructuras narrativas perfectas que vuelven la lectura entretenida que es el propósito primero de todo buen escritor. Así me leí, hace 30 años la historia de amor de Florentino Ariza y Fermina Daza, ensombrecida por la presencia del doctor Juvenal Urbina, el apasionante personaje decimonónico que aportaba sabiduría en el ambiente provinciano de la Cartagena de los años 30. Se trata de una pareja que se ama desesperadamente a los 20 años sin poder casarse por ser demasiado jóvenes, pero tampoco a los 80, después de las vueltas de la vida, ahora por ser demasiado viejos.

Pero otra cosa es releer a Gabo, con reposo, cuando la efervescencia ya no ronda y la reflexión se logra colar entre las palabras que se disfrutan tanto. Resulta un verdadero deslumbramiento la precisión en la descripción de las situaciones humanas que le abren la ventana a la universalidad que permiten una identificación cierta, amarrada a la realidad de cada quien. Con el tiempo se vendría a saber que fue el reencuentro con su papá, Gabriel Eligio García, en Cartagena y la posibilidad de restablecer una línea de diálogo rota cincuenta años atrás, la que le permitió adentrarse en un mundo de afectos taponado por resentimientos, rencores y malentendidos. Las tardes de recuerdos en la casa familiar del barrio de Manga al que retorna después del trasegar mundano de Caracas, París, Barcelona, Ciudad de México para recogerse nuevamente y abrigarse en aquella querencia caribe salpicada de relatos en la voz de un hombre, su papá -el telegrafista, el boticario- con quien apenas si había hablado y encontrar el alimento de este gran libro El amor en los tiempos del cólera.

En plena construcción de la obra debió afrontar lo inevitable: la muerte de un padre recién descubierto y asistir de paso al sufrimiento de la viudez afligida de Luisa Santiaga, su mamá, quien como Fermina Daza había permanecido atada a un amor inasible detrás de un aventurero sin arraigo a quien las obligaciones del día a día le resbalaban. Y es esto precisamente lo que me apasiona de este libro: su anclaje con la realidad cotidiana poblada de las pequeñeces y escasas grandezas de los seres humanos.

Una narración sosegada y sin atropellos, con la madurez de los 60 años, liberado de la imaginación desbordada y del torrente de palabras desbocadas del realismo mágico con el que Gabo inauguró una nueva manera de hacer literatura y lo coronó mundialmente. Logra un relato terrenal y humano, conmovedor y sorprendente sobre el amor y el sexo, el matrimonio y la libertad, la juventud y la vejez a través de la pluma lúcida de un García Márquez consciente del paso del tiempo, al que decide hacerle frente. Como toca, y lograr finalmente esta entrañable novela.

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