Los dos Catatumbos

Escuchar este artículo

Los dos Catatumbos

Julio 03, 2013 - 12:00 a. m. Por: María Alejandra Villamizar

El momento político nacional reúne la protesta campesina en la zona del Catatumbo en Norte de Santander y la mesa de la Habana donde está el “Catatumbo” de las Farc. De alguna manera las manifestaciones ponen en “tiempo presente”, algunas de las propuestas que han formulado las Farc en el punto de la participación política. Una de las afirmaciones más tajantes de los jefes guerrilleros es que no quieren “acuerdos académicos” con el gobierno. Que lo que firmen en este proceso de paz debe tener garantías para su aplicación real, y no unos postulados que se queden en el papel. El punto del agro por ejemplo, tiene muchos acuerdos que son posibles de “tocar” a corto plazo. No así en el tema de la participación política que es más difícil de concretar dada la complejidad del camino que falta recorrer para lograr que las Farc sean parte de la actividad democrática. Hay un detalle vistoso en las propuestas de la guerrilla para este punto de la agenda, y es que no han planteado la participación solo para su organización, sino para los sectores sociales. Y ahí es donde el Catatumbo ocañero se une con el habanero. La movilización campesina es un ejemplo “vivo” de lo que es una demanda de participación política de los sectores sociales en la toma de decisiones sobre su región y sus destinos. Las vías de hecho, toma de carreteras, bloqueo de poblaciones, son una táctica cuestionable dado el impacto que tienen en la comunidad y en la economía, pero pareciera que son consecuencia de un proceso nacional de movilizaciones que apenas comienza y que busca medir el aceite al Estado sobre su voluntad de aceptar lo que representan, darles voz, y tomarlos en cuenta. Qué bueno sería que el gobierno resuelva el asunto con eficacia y grandeza de Estado, le de trámite a lo que corresponda dentro de sus políticas, vuelvan importantes a los campesinos, les den un trato digno y listo. O ¿qué pretenden hacer? ¿mandarlos a la cárcel? Es increíble que al gobierno aun le quede grande dimensionar los significados que encierra una manifestación de esta naturaleza. Tan simple como: “Si no resuelven esto, qué van a ser capaces de hacer la paz”. Durante los años más crudos de la guerra, los grupos humanos mas vulnerables se organizaron y hoy cuando se habla de redistribuir la tierra, de apertura política, de reparación de las víctimas, esas voces que vienen del campo o de los trabajadores, de los están en la marcha patriótica, de los que se mueven en función de ganar espacios en una Colombia que no siempre entiende que la paz significa inclusión y un coro de diferentes voces. ¿Será posible que no se le tema a ese país que surge de las regiones y que con el telón de fondo de un proceso de paz, pide a gritos que se diseñe una Nación que les dé un trato equitativo, en la que no los traten como pedigüeños, sino como los que ayudan a construir? Esta no es una pregunta de izquierda, que trata de reivindicar un país ingenuo, o mamerto, o que sueña entre porros de marihuana en la “socialbacaneria”, esa caricatura ya quedó al margen, ya es un argumento flojo para las descalificaciones simplistas. Es una reflexión que apunta a un país real, que mira hacia delante, un país que quiere ser sólido, moderno, coherente, globalizado, que necesita una paz con argumentos para que se acaben los armados que se empeñan en una guerra anacrónica, y también los narcotraficantes que sacan provecho de la falta de fuerza del campo para hacerse ricos de la noche a la mañana, en que los ricos dejen de mirar feo a los pobres. A fin de cuentas, sí hay en Colombia un clasismo tercermundista que podría disminuir si con arrojo el Estado le deja de tener miedo a resolver los líos de los campesinos del Catatumbo, y continua firme para debatir en una mesa de dialogo las propuestas del otro Catatumbo, sino, ¿en qué estamos?

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS