Vuelven los Tomahawk

Vuelven los Tomahawk

Septiembre 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Érase un lejano marzo de 2003 cuando los primeros misiles Tomahawk lanzados desde submarinos en el Océano Índico caían sobre Bagdad, dando comienzo a la desastrosa aventura militar americana en Iraq. Pocas semanas después el presidente George W. Bush, a bordo del portaaviones Abraham Lincoln, declaraba en tono triunfal “misión cumplida”. Los hechos posteriores desvirtuaron aquella afirmación, pues con la invasión a Iraq y el derrocamiento de Saddam Husein comenzaba lo que se ha convertido en una pesadilla sin fin para la región y una catastrófica derrota estratégica para Estados Unidos. Una de las lecciones, reiterada una vez más, de la operación militar en Iraq es que es más fácil empezar una guerra que acabarla, entrar que salir, que el resultado de las guerras se mide en el terreno político más que en el militar y que el Medio Oriente maneja una dinámica conceptual diferente a Occidente.Lo que vino después ya es historia. La fragmentación de Iraq, el ascenso de Irán a potencia regional con su programa nuclear incólume, la guerra fratricida entre sunitas y shiítas en toda la región, el surgimiento de una insurgencia sunita que en su momento fue combatida por Estados Unidos pero nunca sometida, un retiro forzoso de Estados Unidos tras más de 4 mil soldados muertos, las políticas sectarias del derrocado presidente iraquí Nouri al Maliki y la resurrección definitiva de la insurgencia sunita en cabeza del Estado Islámico con la captura de Mosul, segunda ciudad del país. Entretanto en Siria la lección es al contrario; la no intervención oportuna contra Assad en los años que este se ha ensañado contra la mayoría sunita ha sido el caldo de cultivo ideal para la génesis y fortalecimiento del Estado Islámico en Siria.El flujo de combatientes extranjeros al Estado Islámico se asemeja al de los miles de voluntarios que se unieron a las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española: una sincera identificación con la causa por parte de musulmanes en todo el planeta.La artificial frontera entre Siria e Iraq, fijada en los acuerdos secretos Sykes-Picot, entre Inglaterra y Francia a finales de la Primera Guerra Mundial, se desmorona con el colapso de los Estados en el Levante. El Estado Islámico ocupa actualmente un territorio de unos 40 mil kilómetros cuadrados entre ambos países y uno de sus más simbólicas actuaciones fue la destrucción de los mojones y pasos fronterizos, dando a entender que la herencia colonial, reflejada en los Estados - Nación y las fronteras pasaba a la historia.Qué tanto el Estado Islámico representa una amenaza para Estados Unidos y Occidente es una pregunta abierta. El hecho es que las decapitaciones públicas difundidas por las redes sociales, colocaron el tema en el centro a la agenda global y al presidente Obama en una situación en la cual no podía seguir cruzado de brazos, especialmente tras las implacables críticas que ha recibido por su política exterior.Finalmente Obama se decidió a actuar. Armó una coalición, bastante frágil, de países árabes y otros para luchar contra el Estado Islámico, sin objetivos concretos, distinto a “degradar y acabar con el Estado Islámico”. ¿Y después, qué?Por ahora Obama le hace el juego al presidente sirio Bashar El Assad, a Irán y Hezbollah, grandes beneficiados de esta nueva incursión militar americana en Medio Oriente. Ayer cayeron los primeros misiles Tomahawk sobre Raqqa la ‘capital’ del Estado Islámico en Siria, en el comienzo de una aventura militar que como las anteriores es de pronóstico reservado.

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