¿Para dónde va el Estado?

¿Para dónde va el Estado?

Octubre 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

El Estado, ese “contrato social” al que hacía referencia Rousseau, es la forma de orden colectivo surgida en las sociedades europeas tras siglos de guerras religiosas y territoriales que desangraron el continente. Con la paz de Westfalia nace el Estado moderno, sobre la base de los conceptos de soberanía, división de poderes, no intervención y separación de religión y política. El Leviatán de Hobbes. Ese Estado-Nación que surgía en Europa fue una evolución de la Nación al Estado; galos en Francia, italianos en Italia, ingleses en Inglaterra, etc. En un artículo en la revista Foreign Affairs, John Micketwait y Adrian Wooldrige hacen un análisis de la evolución del Estado-Nación, siempre desde la óptica de Europa y Norteamérica, que es donde este análisis tiene sentido hacerlo; del surgimiento del modelo en el Siglo XVI, al Estado Liberal de mediados del Siglo XIX, al Estado de Bienestar de comienzos del Siglo XX, al “Estado pequeño” de Reagan y Thatcher. De este análisis y del estado actual del Estado se puede concluir que ha cambiado mucho más la sociedad, que el Estado, paquidérmico por su naturaleza, con las conocidas excepciones de los países escandinavos y uno que otro europeo y asiático, por lo cual se da en la actualidad una situación de disatisfacción generalizada de la sociedad con el Estado, esto a pesar que la población cada vez exige más de este. Una situación mucho más compleja se presenta en África y Medio Oriente donde la mayoría de los Estados fueron producto de la repartija que las colonias europeas hicieron de esas tierras, a través de la imposición del modelo del Estado para mantener sus zonas de influencia. Estados sin Nación, con fronteras artificiales que no respetan herencias históricas, étnicas, religiosas o territoriales. Embelecos que inicialmente servían los intereses de las colonias y posteriormente fueron copados por redes de clientelismo o por alguna etnia o credo, con el consabido resultado de corrupción desaforada, marginación de minorías, gobiernos despóticos, guerras civiles y Estados fracasados. En América Latina ante el casi exterminio, físico o cultural de los pueblos indígenas, las naciones surgen dentro de las divisiones administrativas que hizo España de virreinatos y capitanías.A pesar de su turbulento origen el Estado está para quedarse. Un cuestionamiento al modelo proviene de grupos como ‘Daesh’, mal traducido como ‘Estado-Islámico’, que busca instaurar un modelo político alternativo. Varios son los factores que en la actualidad desafían a las instituciones del Estado y exigen su transformación: la tecnología, el empoderamiento de nuevos sectores de la población, mayores niveles de educación y expectativas, intereses divergentes entre diversos componentes de la sociedad, amplias clases medias, desprestigio absoluto de políticos y gobernantes y la globalización.Cuando se pensaba, en occidente quizás, que el modelo ideal de Estado era la democracia liberal con un sistema económico de mercado, regulado en cierta medida, es evidente que esta concepción no es universalmente aceptada. El ascenso de países con regímenes no democráticos como Singapur, China y Vietnam, es un contrapeso al modelo del Estado liberal. Las diferencias entro uno u otro más sutiles que aquellas que existían a comienzos del Siglo XX entre comunismo, fascismo y liberalismo.Difícil pronosticar cuál será en el Siglo XXI el modelo de Estado ‘ganador’, es decir aquel que logre sobresalir en el concierto internacional, responder a las exigencias de los ciudadanos, encontrar un equilibrio entre expectativas y cumplimiento, evitar estallidos sociales, proveer servicios, crear ‘felicidad’ y obtener lo máximo de sus habitantes.

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