La más inútil de las guerras

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La más inútil de las guerras

Agosto 20, 2019 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

En momentos que se intensifican los esfuerzos por lograr un acuerdo entre Estados Unidos y los Talibán afganos, queda en evidencia que esta fue una guerra inútil, contraproducente y en la que Estados Unidos no logró absolutamente nada. Más allá de los muertos y los miles de millones de dólares desperdiciados, la guerra de Afganistán marca el comienzo del declive de Estados Unidos como hegemón global, acelerado con el desastre de la invasión a Iraq en 2003 y demuestra los límites del poder militar para resolver complejos problemas políticos.

El 7 de octubre de 2001 el presidente George W. Bush bajo enorme presión tras los ataques terroristas de septiembre 11, invocando el artículo 5 del tratado constitutivo de la Otan y con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU declara “la guerra contra el terrorismo”, dando comienzo a la operación ‘enduring freedom’. Un diluvio de bombas, misiles y demás cae sobre las montañas y campos de Afganistán, país entonces gobernado por los Talibán, grupo radical islámico sunita que le había dado refugio a Al Qaeda, organización a la que Estados Unidos acusaba de responsabilidad en los ataques a las torres gemelas. A las pocas semanas, los talibán habían sido derrocados y Al Qaeda expulsada de Afganistán. Sin embargo, lejos de derrotada, la organización yihadista, como la hidra mitológica, se regeneró en diversos lugares de la geografía asiática y africana.

Desde entonces, durante 18 años, la guerra en Afganistán ha seguido sin rumbo. Unos 3600 soldados de la coalición han muerto, mientras que las víctimas del lado afgano rondan por las decenas de miles, amén de la destrucción del país. Los Talibán, para quienes el tiempo es la eternidad se han reagrupado y fortalecido, controlan la mitad del país y negocian con un Estados Unidos desesperado por irse, buscando una “salida digna”. Desde 2001 no ha habido un solo día de normalidad en Afganistán, los ataques contra la coalición, las fuerzas afganas creadas y entrenadas por Washington y civiles arrecian, recrudecidas por la aparición en el anárquico paisaje, del Estados Islámico, Isis.

Una vez Estados Unidos pliegue sus banderas y salga del país, comienza el conteo regresivo para el retorno de los Talibán al poder. Los Gobiernos que ha instalado Estados Unidos, a través de dudosas elecciones, no cuentan con legitimidad ni capacidad para enfrentar a un grupo como el Talibán, altamente motivado por la mística religiosa, apoyado por el vecino Pakistán y con los ojos puestos en restablecer ‘el emirato’, tal cual existió hasta octubre de 2001.

En las actuales negociaciones entre los talibán y el gobierno de Trump, los primeros buscan la salida total de los Estados Unidos del país y a cambio Washington exige un compromiso de no permitir que “fuerzas y combatientes extranjeros” se asienten en territorio afgano, así como a “respetar” al gobierno de Kabul y establecer un “cese al fuego” permanente. Significativo que el gobierno afgano ha sido el gran ausente en estas negociaciones. Los Talibán no son una organización interesada en compartir el poder, menos aún con un gobierno títere desprovisto de legitimidad como el que actualmente se domicilia en Kabul y cuya supervivencia sin la presencia de las tropas americanas es altamente incierta por decir lo menos.

Con el potencial final de esta guerra inútil, se avizora el resurgimiento del ‘emirato’ con los recordados abusos a las mujeres, su marginación absoluta de la sociedad y prohibiciones de todo tipo. Es solo cuestión de tiempo.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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