Fútbol femenino a paso de vencedores

Fútbol femenino a paso de vencedores

Julio 09, 2019 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Para un deporte como el fútbol, que es mucho más que una simple disciplina deportiva, que une y moviliza naciones como nada, que ha causado guerras, que genera incontrolables pasiones colectivas, que fue por décadas territorio masculino defendido a dentelladas, la irrupción del fútbol femenino ha sido poco menos que un milagro. Es la lucha diaria que epitomiza la que llevan a cabo las mujeres en todas las geografías desde tiempos inmemoriales, en todos los ámbitos de la sociedad, para obtener ya sea el derecho al voto, poder ser elegidas, escalar posiciones en un terreno hostil, reventar el techo de cristal, luchar contra el abuso, contra el ser percibidas objetos y el tener dueños. Su inmemorial lucha por la equidad.

El primer mundial femenino de fútbol se llevó a cabo en China en 1991, sin embargo, los antecedentes se remontan a finales del siglo XIX en Inglaterra, donde se funda el primer equipo femenino de fútbol cuya fundadora, oculta tras el seudónimo de Nettie Honeyball, proclamaba que el “fútbol femenino podría abrir el camino al voto y a la participación política de las mujeres”.

De ahí en adelante el camino fue culebrero. En la misma Inglaterra la Federación inglesa prohibió el fútbol femenino en 1915, ejemplo seguido por varios países. Sería solo hasta 1970 que se funda en Turín, Italia, la Federación Internacional de Fútbol Femenino y se realiza el primer torneo mundial, no reconocido por Fifa. Pasarían dos décadas hasta que la Fifa finalmente acoge el fútbol femenino, a pesar de que los torneos que se realizaban de manera ‘no oficial’ congregaran miles de espectadores en estadios llenos. Fue el tesón y la determinación de las mujeres futbolistas y los que las apoyaban, que finalmente lograron derribar, parcialmente, las barreras de género y hacerse a un lugar en este, uno de los más masculinos de los territorios.

El fútbol femenino debutó como disciplina olímpica en Atlanta 1996 y se constituyó uno de los más populares en asistencia. En varios países se han creado ligas profesionales femeninas de fútbol y la Uefa comenzó su ‘Champions’ de mujeres en 2001, siendo el Olimpique de Lyon el equipo más galardonado en las justas europeas.

En América Latina, continente machista por excelencia, quizás menos que en el pasado, las mujeres futbolistas sufren de todo tipo de discriminación, desde pagos irrisorios, pésimas canchas, uniformes usados, hasta desvío de recursos ganados por las mujeres a la rama masculina de los equipos. La declaración de uno de los viejos dirigentes del fútbol colombiano, Gabriel Camargo, que “el fútbol femenino promueve el lesbianismo” son elocuentes de prejuicios prevalecientes. Mucho peor aún es la situación en países como Irán donde las mujeres están aún luchando por poder simplemente asistir a los estadios.
Caso emblemático el de la selección de Estados Unidos que acaba de ganar su cuarto título en una impresionante demostración, además de futbol, de determinación, coraje, ambición y convicción. Una selección femenina que tradicionalmente ha sido adalid de objetivos políticos y sociales: igualdad de género, derechos de los homosexuales y de las minorías. En esta última versión el onceno norteamericano ha estado exigiendo ‘pago igual’ a mujeres y hombres en el fútbol.

El fútbol femenino ha sido un escenario donde los directivos caminan por detrás de las jugadoras reaccionando a hechos cumplidos, con una actitud entre paternalista y ‘hagamos porque toca’. Pero el cambio que llega es inevitable. El tremendo éxito en taquilla, teleaudiencia e interés global del recién concluido mundial femenino así lo augura.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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