El Reino Desunido

El Reino Desunido

Diciembre 11, 2018 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Hay que admirar a Teresa May, la primera ministra británica quien ha demostrado una tenacidad, una resiliencia y un aguante únicos, tripulando la nave británica en alebrestadas aguas, tsunamis y turbulencia sin fin, lo que no le garantiza que el barco no termine hundiéndose.

El primer Brexit había ocurrido ya en 1538 cuando el rey Enrique VIII rompió con el entonces todopoderoso papado católico romano y creó para Inglaterra su propia iglesia, colocándose a la cabeza de la misma.

Gran Bretaña fue siempre un cuerpo extraño en Europa, se unió apenas a comienzos de los años 70 del siglo pasado al entonces Mercado Común fundado tres lustros antes y desde entonces no ha amainado el debate al interior de la sociedad británica si ser o no ser parte de Europa o como le dicen de manera peyorativa, “del continente”.

En el Siglo XIX Gran Bretaña se consolidó como el mayor poder que la humanidad haya conocido doblegando en las colonias y rutas marinas a sus contrincantes europeos y sólo con el advenimiento de las dos guerras mundiales, los ingleses se aliaron con europeos contra otros europeos. Sin embargo, las diferencias culturales y políticas entre la isla y el continente siempre prevalecieron hasta tal punto que fue el presidente francés y héroe de guerra Charles de Gaulle quien impidió la entrada de Inglaterra al Mercado Común. La accidentada membresía del Reino Unido en la Unión Europea se refleja en no ser parte de la zona del Euro, ni del Schengen y en tener salvedades en diferentes tratados intraeuropeos.

Fue el primer ministro James Cameron quien tras renegociar algunas de las provisiones de la membresía británica en la Unión, convocó al referendo en 2016 para consultar con el pueblo si salir o quedarse en Europa. La estrecha victoria de los ‘leavers’ dejó a Gran Bretaña en una situación imposible, máxime cuando la mayoría del parlamento apoyaba la continuidad en la Unión. Cameron se fue y los ‘tories’ nombraron a Teresa May para manejar una situación que planteaba solo alternativas malas. May declaró que cumpliría la voluntad del constituyente primario de salir de Europa, convocó a elecciones adelantadas para incrementar su poder parlamentario y le salió el tiro por la culata, pues perdió las mayorías y para gobernar tuvo que apoyarse en un pequeño partido unionista de Irlanda del Norte. Comenzaba el viacrucis.

Tras dos años de turbulentas negociaciones con la Unión Europea sobre la salida y la naturaleza de las futuras relaciones, hace algunas semanas se llegó a un acuerdo el cual una vez anunciado produjo la inmediata renuncia de un puñado de ministros del gobierno británico y un rechazo casi generalizado en el parlamento, mientras que crecen las voces en la sociedad para llamar a un nuevo referendo. El reciente fallo del tribunal europeo de justicia bajo el cual Gran Bretaña puede unilateralmente arrepentirse el Brexit y seguir como miembro pleno de Europa le agregó más remolinos a las aguas pues envalentona a los sectores que promueven el ‘quedarse’.

El día de ayer May iba a presentar el acuerdo al parlamento pero ante la inminente derrota postergó y comenzó un periplo por las capitales europeas para buscar modificaciones al acuerdo a lo cual los burócratas en Bruselas ya dijeron que “no hay chance”.

El Brexit ha reventado a la sociedad inglesa y a los partidos, y la diversidad de opciones -salida total, modelo Noruego, Modelo Noruego plus o simplemente seguir- hacen que no se vislumbre una solución al problema que los mismos británicos crearon para sí mismos.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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