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200 años de política exterior

Octubre 12, 2021 - 11:55 p. m. 2021-10-12 Por: Marcos Peckel

Por estos días se conmemoran los 200 años de la fundación de la Secretaría de Relaciones Exteriores de la República de Colombia establecida por el decreto No. 7 de 1821, tras la Constitución de Cúcuta que le diera vida jurídica a la llamada ‘Gran Colombia’. Paradójicamente nuestro primer canciller sería un caraqueño, Pedro José Gual, uno de los padres de la diplomacia americana. La Constitución de 1886 cambió el nombre de Secretaría a Ministerio de Relaciones Exteriores.

Durante sus primeros años la Secretaría se dedicó a lograr el reconocimiento a la nueva nación, su independencia, fronteras y soberanía, en momentos que España perdía sus posesiones, Francia pescaba en río revuelto e Inglaterra, enemigo histórico de España, celebraba las pérdidas chapetonas. En 1822 se obtenía el reconocimiento por parte de Estados Unidos, país que meses después bajo la Secretaría de Estado de James Monroe promulgaría la doctrina que lleva su nombre, bajo la cual los europeos eran ‘invitados’ a abandonar el continente dejándoselo a los ‘americanos’. En el marco de dicha doctrina, Colombia firmaría su primer tratado internacional con Estados Unidos en 1824 otorgándole el trato de “Nación más favorecida”.

Uno de los primeros desafíos multilaterales de la nueva Secretaría se presentaría durante el Congreso Anfictiónico de Panamá, parte de Colombia, convocado por Bolívar para unir a las nuevas naciones americanas. El fracaso del evento, en retrospectiva, fue premonitorio de lo que sería o mejor no sería la integración latinoamericana. La nueva república tras la separación de Venezuela y Ecuador navegó entre las dos potencias del momento, Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras al interior definía qué tipo de Estado sería, federal o central, consolidaba su identidad nacional y establecía relaciones comerciales y diplomáticas con sus pares americanos.

1903 marca un antes y un después en la República de Colombia con la ‘pérdida’ de Panamá, un golpe de mano bien planeado por Washington por lustros, esperando la excusa perfecta la cual le fue dada por el rechazo del Congreso de Colombia al tratado Herrán-Hay. Teníamos entonces la opción de ponernos ‘bravos’ con Estados Unidos o entender la relación de fuerzas y quien era el ‘gordo del patio’ con el que era mejor estar en buenos términos. Optamos por lo segundo, firmamos el acuerdo Urrutia-Thompson, recibimos un cheque de 25 millones de dólares y nos amarramos a los Estados Unidos. Respice Polum bautizó esa política el presidente conservador Marco Fidel Suárez. Y Respice Polum hemos sido desde entonces, mucho más para bien que para mal, pues nuestra alianza con Washington nos ha traído progreso y nos ha sacado del ‘parroquialismo’.

Quizás uno de los hitos más determinantes de nuestra política exterior se dio en los albores de la Guerra Fría cuando Colombia fue el único país latinoamericano en participar en la guerra de Corea bajo el comando de Estados Unidos. Respice Polum recargado, que sirvió de génesis de una estrecha cooperación militar con Washington. En varios episodios posteriores de política exterior seríamos los únicos en América Latina hasta actualmente ser el único social global de la Otan por estas tierras.
Nuestro país ha sido adalid del multilateralismo, fue esencial en la fundación de las Naciones Unidas, la OEA nació acá, hace parte de la Ocde, es un Estado apegado a los incisos y parágrafos del derecho internacional y se margina formal o sutilmente de multilateralismos politizados como Unasur, Celac y los No Alineados.

En la actualidad Colombia, gracias a una coherente política exterior, hace parte del mundo occidental, el de las democracias liberales, el mejor de los mundos.
Sigue en Twitter @marcospeckel

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