Transición

Julio 31, 2022 - 11:45 p. m. 2022-07-31 Por: Mabel Lara

Estos han sido cuatro años muy difíciles trazados por una pandemia que nos puso como humanidad a pensar en el fin de nuestros días y evidenció nuestra vulnerabilidad. Cuatro años que cambiaron el rumbo de Colombia tras la fallida reforma tributaria y especialmente el estallido social.

Cuatro años donde el presidente Iván Duque no nos deja una bandera clara como legado más allá de la poca efectiva economía naranja que bajo la sombrilla de las buenas intenciones fue más ‘bombo’ que aciertos.

No todo fue malo, le tocó un país complejo para administrar, pero no tuvo la grandeza para entender que no podía solo gobernar para los aplaudidores de su partido sino para los más acérrimos contradictores que no le perdonaban ninguna de sus salidas en falso.

En la comunidad internacional Duque fue considerado como un precursor de la conversación sobre la migración latinoamericana y se le reconocen grandes avances en el trato humanitario a los venezolanos.
Dejó 1,2 millones de personas amparadas bajo el Estatuto de Protección Temporal y abrió una ruta para reconocer que en nuestro país viven 2,5 millones de venezolanos lo que nos convierte en el país que más recibe migrantes y refugiados en la región.

No fue amable con los medios de comunicación e hizo carrera entre los periodistas las historias sobre las llamadas del Presidente a dueños de los medios de comunicación cuando se sentía atacado y señalado. Se desentendió totalmente de los asuntos de la paz y se convirtió en un defensor a ultranza de las Fuerzas Militares. Recuerdo con dolor cómo durante el estallido social los caleños gritaban por apoyo institucional y apareció en una visita relámpago, solo por unas horas, mientras dormían.

Pudo estar mal asesorado, quiero darle crédito a su inexperiencia, pero también se encerró en una burbuja y se desentendió. Firme atacando a las ideas y no así a las personas; reconozco que Duque se mostró inicialmente como un buen tipo, un señor alejado de la corrupción y la politiquería, por ello lamento profundamente que en estas semanas estemos revisando los acuerdos de última hora y contrataciones millonarios que pasaran como una de las manchas más grandes de su gestión Presidencial.

El gobierno saliente avanzó en procesos de contrataciones millonarias en la Dian, el Sena y la última perla ha sido el contrato que entró en vigencia recientemente por 2,4 billones que deja amarrado para compra de medicamentos en hospitales públicos, la Policía y el Ejercito por tres años.

Raspar la olla ha sido la consigna, repartir contratos, dejar firmado el proyecto del canal del dique del Magdalena, convertirse en lo que tanto criticó, y despedirse del país con vallenatos y festejos como si estuviera cerrando su transición en el poder al mejor estilo de una excursión de remate de secundaria o un paseo de amigos veinteañeros.

Sigue en Twitter @MabelLaraNews

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