Miedo

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Miedo

Marzo 29, 2020 - 11:45 p. m. Por: Mabel Lara

A sentirnos vulnerables, a la incertidumbre y a la fragilidad de la vida. A no poder abrazar a quienes amamos por que las distancias nos protegen y porque estar en casa es la mejor medicina en tiempos de Covid -19.

Miedo a no poder proteger a mis viejos. A no poder abrazarlos y honrarlos cuando desde el otro lado del mundo te dicen que son los más vulnerables; que el coronavirus se ensaña con los mayores de 60 años y que en ocasiones, como viene pasando en Italia, pueden morir en pasillos olvidados sin una mano que los tome y los ayude a despedirse.

Miedo por mi hijo y mis sobrinos, quienes apenas están comenzando la vida y están inaugurándose en las batallas biológicas y en las amenazas de virus e infecciones que reaparecerán después de este fatídico 2020, evidenciando que no éramos ni tan poderosos, ni tan inmunes como nos habían dicho.

Miedo sin saber qué responder cuando mi pequeño de 6 años se levanta a media noche gritando por la pesadilla que acaba de tener en una lucha en el espacio con un enorme germen que intentaba tocarlo, y al que le huía en medio de pasadizos psicodélicos por los que el escurridizo monstruo lo acechaba: “Era la coronavirus mamá y pensé que me iba a agarrar”, me dijo hace unas cuantas noches.

Miedo, mucho miedo al salir de casa a cumplir mi labor profesional y al ver enemigos en todos lados, irrespetando al técnico que me pone el micrófono o la generosa maquilladora que intenta acomodarme el pelo cuando les pregunto: ¿Se lavaron las manos? Sabiendo que puedo ser yo la que los pongo al peligro por haber llegado hace poco del exterior.

Miedo al escuchar las decisiones de nuestros mandatarios locales y nacionales; orando para que tomen las mejores decisiones para cada uno de los ciudadanos alejados de egos y reconocimientos futuros.

Miedo a la recesión que se nos viene en un país con tanta pobreza y necesidad, con un aparato productivo tan limitado. Miedo a las decenas de personas que perderán sus empleos, a la crisis que ya se asoma de los pequeños y medianos empresarios e incluso a los mismos pautantes en medios de comunicación quienes podrían estar pensando hoy en mantener más empleos que en pagar publicidad en periódicos, emisoras o noticieros.

Miedo a no reconocer con humildad que por fin cada cosa está en su lugar: los médicos que salvan vidas en la primera línea de importancia convertidos en los santos de la puerta de al lado; y los científicos recompensados con los recursos necesarios para salvar a los más jovencitos, a mi hijo o a mis sobrinos, por ejemplo.

Miedo, y este sí es el que se ha calado entre los huesos, a salir de este aislamiento sin entender el grito de la naturaleza que está ‘mamada’ de nuestro abuso y soberbia, a no entender que puedo ser yo a la que la parca toque la puerta en este 2020 y a no cumplir los anhelos que mi espíritu ha establecido para el futuro. A reconocer como sociedad que no entendimos sobre segundas oportunidades y que muchos quedarán en el camino.

Miedo a que los que quedemos no vayamos a salir de esto como mejores seres humanos.

Sigue en Twitter @MabelLaraNews

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