Y no se puede

Y no se puede

Junio 23, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

No se puede hacer una reforma a la Justicia. No se puede tomar decisiones que castiguen la corrupción e impidan los beneficios que reciben los condenados por ella y enriquecidos por ella. Y como hay que ser solidario con los copartidarios condenados, no se puede cambiar la política para que sea transparente y tanto los partidos como sus dirigentes asuman su deber de responder a los colombianos por la buena marcha de sus instituciones.

Pero sí se puede usar la lucha anticorrupción, la reforma a la Justicia, el cambio que purifique la política y la defensa del interés público, como bandera para hacerse elegir. Y una vez logrado el objetivo, es decir la elección o la reelección eterna en el Congreso, en la Presidencia, en concejos, asambleas, alcaldías, gobernaciones, se les aplica el tratamiento respectivo para marchitarlas, hasta que la gente se aburre y se desentiende de todo.

Ese tratamiento consiste en dejar pasar el tiempo, tramitar cientos de inhabilidades que no existen, levantar las sesiones, e inventarse debates inconducentes durante los meses o semanas que tienen las legislaturas o los periodos de sesiones de concejos y asambleas. Al final, las cosas deben definirse en horas o minutos, y se dejan morir sin que haya responsable, usando personajes como los presidentes de cada cámara para hacer el mandado.

Y nadie es responsable. Los proyectos que interesan a los colombianos para limpiar la actividad pública de bandidos y leguleyos, los que se requieren para neutralizar el clientelismo y el centralismo que reparte la marrana en Bogotá y de espaldas a la tragedia de la provincia colombiana, los matan la falta de tiempo o los impedimentos o los reglamentos. Es decir, la Ley, no los legisladores o los dirigentes políticos y algunos jueces, es la culpable de que no se haga lo que se necesita.

A cambio nos aburren con la JEP y el afán de acabarla. Con ‘Santrich’, con el Estado de Opinión, con un proceso de paz que nació mal y morirá mal porque solo tiene interesados en explotarlo para conseguir dividendos electorales. Con los pulsos que demuestran cuál es el expresidente con mayor poder de perturbación, con fiestas que le dan al presidente de la Cámara o del Senado para celebrar su eficacia para obstaculizar los cambios que exigen los colombianos y demanda el país.

Y siguen creciendo el narcotráfico, la violencia, las bandas criminales, el desorden y la ineficiencia para atender tragedias como la de la entrada al Llano o absurdos como el hundimiento y parálisis de la vía Buga Buenaventura, mientras la sensación de inseguridad amenaza a cada colombiano que ve a las autoridades cada vez más lejos. Ahora vendrán elecciones de alcaldes, gobernadores, diputados y concejales, para lo cual se desempolvan las mismas banderas mientras el ciudadano se aparta de sus obligaciones como miembro de la sociedad.

Está claro que por primera vez en décadas tenemos un gobierno minoritario que no ha podido construir una coalición para cumplir sus propuestas y su obligación de liderar el cambio antes de que se caiga la estantería. Pero el cambio que piden los colombianos y no el que promueven los extremistas de un partido que no ha entendido que ya no es oposición y no parece preparado para gobernar.

Eso pasa en el oficialismo mientras, al otro lado, los expresidentes liberales, los candidatos derrotados y la oposición estéril hacen fiestas con el fracaso del Estado y del Gobierno.

“Por eso estamos como estamos, por eso siempre nos quejamos”, dice la canción. ¿Hasta cuándo?

Sigue en Twitter @LuguireG

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