Volando bajo

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Volando bajo

Mayo 17, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Desde 1940, Avianca significaba Aerolíneas Nacionales de Colombia. Antes fue Scadta, fundada en 1919 y luego, cuando llegó Germán Efromovich, se transformó en Aerovías del Continente Americano.

Tales cambios indican los riesgos que ha enfrentado la empresa de aviación que está en la mente de los colombianos como primera opción. Riesgos que la han llevado a varias quiebras, a tener varios propietarios y a producir más de una decepción. Pregúntenle a don Carlos Ardila Lulle, a los herederos de Julio Mario Santodomingo y a los acreedores que han debido renegociar sus facturas en los procesos de quiebra que han enfrentado.

Decía que está de primera en la mente de los colombianos, porque siempre nos han vendido la idea de que es Colombia en el cielo. Pero hace años no es así: aunque usa símbolos nuestros como la bandera o la ruana, tan recordada para los cachacos bogotanos y cundiboyacenses, la verdad es que hoy es una empresa panameña.

Además, y desde hace muchos años, Avianca es sinónimo de incumplimientos, maltrato a los pasajeros y abusos en los precios de un servicio público esencial. Por ello, y a pesar de las protecciones oficiales de las que ha gozado a través de su historia, la competencia de otras aerolíneas, muchas de ellas extranjeras, le han ido erosionando ese monopolio consentido por muchos gobiernos que se han hecho los desentendidos.

Ese trasegar indica los cambios que ha experimentado la empresa a la cual le entregaron el mercado nacional de transporte aéreo y hasta ahora la mantienen con la mayor cantidad de rutas en Colombia, lo cual no la hace colombiana. Rutas rentables que manejan a su antojo y de la cual han sacado jugosas utilidades, cometen errores y satisfacen ambiciones.

En su última época, Avianca fue manejada o manipulada por un señor brasileño boliviano que la compró en la penúltima quiebra y con gran habilidad se ganó la confianza de los colombianos al nacionalizarse y revivirla de manera milagrosa, invirtiendo poco y usando una sorprendente capacidad de persuasión. Después, le cambió el nombre y dejó la sigla, se llevó la empresa para Panamá donde no paga impuestos a Colombia, trajo de socio a un salvadoreño al cual embarcó sin remedio y le sacó 500 millones de dólares a United Airlines.

Y volvió a quebrar a Avianca, la empresa panameña que ahora es propiedad del señor Kriete y de United, y es manejada por un señor holandés, muy querido él. Mientras al colombobrasileroboliviano Efromovich lo echaron por sus perradas, la acción vale nada y el problema es de United y Kriete, ahora nos piden que el Estado salve ‘nuestra aerolínea’, le mantenga sus rutas y prerrogativas y le preste plata o la capitalice.

Avianca está volando bajo y sus miles de empleados pueden perder su trabajo. Pero ellos pueden ser contratados por una competencia sana que incluya a Avianca si sobrevive, haciendo que en Colombia el transporte aéreo sea un servicio adecuado y no el lamentable monopolio de una empresa extranjera protegida y ahora financiada por nuestro Estado.

Que los colombianos debamos salvarla, que sigamos aguantando el maltrato, que invirtamos los recursos públicos en una empresa que no es colombiana y ha simbolizado todos los males del monopolio; que desconozcamos las empresas, nacionales y extranjeras en capacidad de competir y cubrir las rutas que le han entregado a Avianca, es la peor propuesta que nos han hecho en este siglo. No faltaba más.

Sigue en Twitter @LuguireG

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