Varios de la parroquia

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Varios de la parroquia

Septiembre 29, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Primero. Alguno de los genios de la secretaría de movilidad de Cali decidió quitarle dos carriles al puente sobre la carrera primera donde desemboca el túnel mundialista. Le metieron más de doscientos Taches y palos de esos que tanto le gustan al boyacense que maneja ese despacho para construir una ciclovía de ida y vuelta.

Lo cierto es que por allí no transita nadie. Usted puede estar horas y no verá una bicicleta pues no tiene principio ni fin y termina en contravía. Mientras tanto, una vía neurálgica para comunicar el centro con la salida hacia Palmira y el aeropuerto está congestionada. Perdió el objetivo para el cual el puente fue construido hace 46 años, desconocido por quienes disfrutan del contrato de los taches.

Segundo. Cuando se inventaron la doble vía en el puente de la calle veintiuna norte, hubo aplausos. Pero no demoraron en montar un derroche de taches a lo largo de la vía y del puente, con ciclovía que nadie usa incluida. Cientos de esos artefactos se erigen desafiantes, mientras la congestión cunde en la avenida de las Américas, la segunda norte y la misma veintiuna.

La lindura va más allá. Como se necesita conectar con las vías que llevan a Chipichape, metieron el flujo vehicular por la veintidós norte. ¡Y la llenaron de taches¡. Con ellos convirtieron una calle de tres carriles a la cual le duplicaron la circulación, en un solo carril. Dizque son “Pacificadores” dice el representante del altiplano cundiboyacense en la administración del alcalde Armitage, llamado por Emilio Sardi en su columna como “el especialista en contrataciones”.

Y tanto los habitantes del sector como quienes circulan por la veintidós norte están furiosos. Pero nadie les para bolas. No se si en Boyacá produce resultados la orgía de taches pero aquí desata frustraciones y rabias ante lo absurdo de las decisiones y de los contratos de elementos que invaden lo que fueron vías para el tránsito vehicular.

Tercero. Los habitantes de los barrios del sur de Cali fueron las primeras víctimas de los taches que, quién sabe porqué, se convirtieron en el símbolo de la administración a la cual le faltan ciento 93 días para su fin. Están entre furiosos, desesperados y resignados porque el señor de Boyacá y sus jefes en el gobierno local no los escuchan.

Es como si gobernar a Cali consiste en desafiar a los ciudadanos, de no escucharlos, de causarles malestar. Es como si tener un carro o una moto fuera pecado y objetivo de los contratistas de taches. Por algo será que las encuestas registran la posibilidad de que regrese a la alcaldía el personaje con más acusaciones de corrupción en la historia de la ciudad.

Último. Y ese aspirante a repetir, Jorge Iván Ospina, abandonó el Senado, su proyección nacional y la presidencia de los verdes, para sacar los procesos penales de la Corte de Justicia y pasarlos a la Fiscalía que don Roys Barreras dice manejar. Estaban a cargo del magistrado Malo y su defensor era Moreno, el Fiscal Anticorrupción. El Cartel de la Toga, que dicen.

Pero no importa. A ese personaje no le piden cuentas quienes lo apoyan como su pana y jefe Gustavo Petro, como Roys, la gobernadora Dilian y su candidata a sucederla, el partido Liberal, JuanCarlos Abadía y muchos más del notablato clientelista. Un sancocho mortal. Ah, y en la alcaldía les parece necesario para cuidarse las espaldas por que “una nunca sabe”.

Así está la parroquia. ¡Virgen del agarradero!

Sigue en Twitter @LuguireG

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