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Usando a
los jóvenes

Junio 27, 2021 - 06:55 a. m. 2021-06-27 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Apenas despejándose las nubes de polvo, de humo y de terror que dejaron los bloqueos y todo lo que ocurrió a su alrededor, los jóvenes de Colombia empezarán a sentir la experiencia de haber sido utilizados para causar el mal a millones de sus compatriotas. Y sabrán que su lucha y su idealismo fueron usados por quienes promovieron el paro, las tomas, los bloqueos y la violencia que perjudicó ante todo a quienes esos promotores decían representar.

Todos hemos sido jóvenes y casi todos hemos protestado contra lo que consideramos injusto o cuando sentimos indignación por las cosas que a nuestro juicio son malas. En algunos casos y con mucha frecuencia, esa protesta ha llegado a producir cambios como acabar con la guerra del Vietnam, o las marchas en el París de 1968 con Daniel Cohn Bendit a la cabeza, o los que se desarrollan para combatir el racismo y la brutalidad de la policía que protege la supremacía blanca en Estados Unidos.

Y en Colombia, el mejor ejemplo es la confrontación a la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, que empezó con la marcha de estudiantes de la Universidad Nacional en 1956 y culminó con su derribamiento el 10 de mayo de 1957. Así mismo, son inolvidables las marchas que movilizaron a los estudiantes de todas las universidades colombianas entre finales de 1971 y 1972 a raíz de la muerte de ‘Jalisco’ en la Universidad del Valle de San Fernando.

Pero hay otros momentos como los vividos a partir del 28 de abril de 2021, cuando los instigadores del paro nacional promovieron el caos aprovechando la angustia de la sociedad por más de un año de encierro y el consiguiente crecimiento del desempleo y la desesperanza.
Aprovechando los errores del Gobierno, pretendieron asumir la vocería de los colombianos para acorralar al Estado e imponer su voluntad por encima de las instituciones.

En su arrogancia, esos dirigentes usaron a los jóvenes sin reconocerles personería alguna. Y los jóvenes se convirtieron en lo que llaman la primera línea, es decir, en carne de cañón que se enfrentó a la Policía, lo cual los puso como la cabeza visible de la protesta que ejecutaba las vías de hecho. Combinadas con las reuniones y las proclamas que sin cesar amplificaron las redes sociales y los medios de comunicación, mostraban a los autores del paro con la aparente fortaleza para exigir lo que quisieran.

Pero también llegaron los dueños del terror y aquellos que pretenden sembrar la anarquía y la división desde las candidaturas presidenciales, al lado de lo cual estuvo el narcotráfico que aprovechó la falta de autoridad en ciudades como Cali. Todo eso utilizó esa juventud inexperta y soñadora para llevarla a establecer retenes donde la palabra resistencia simbolizó la natural rebelión juvenil.

Pero pasó la simpatía de la sociedad, los bloqueos se volvieron epicentros de violencia que golpeó a los más necesitados, y los jóvenes fueron abandonados por los dirigentes de un paro que se disolvió de manera melancólica, mientras personajes como el alcalde Ospina se hundían en el descrédito, acusado de traidor.

Esos jóvenes se volverán adultos y muchos serán dirigentes de un país confundido. Ellos protagonizaron una gesta que debe ser escuchada y atendida en toda su dimensión para evitar que los vuelvan a manipular de la manera que lo hicieron quienes solo pensaron en sus intereses egoístas o para fomentar la violencia fratricida.

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