Un final esperado

Un final esperado

Junio 05, 2011 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Melancólico final le espera a la Comisión Nacional de Televisión. Y más preocupaciones le aguardan a la televisión colombiana ante el retorno de los poderes omnímodos al Gobierno Nacional.El antecedente que obligó a crear la CNTV con rango constitucional fueron los abusos de Ernesto Samper como presidente, quien canceló una licitación donde estaban noticieros como QAP porque denunciaba sus vagabunderías. La Constitución del 91 creó entonces la entidad para aislar a la televisión del manoseo de los gobernantes. Pero el resultado fue peor porque se la entregó a la mediocridad de la inmensa mayoría de los Comisionados que desfilaron por ahí desde 1997, y al clientelismo feroz que los manipuló a su antojo, desde el Congreso o desde los Gobiernos. Triste ver a esos personajes sacrificar su independencia y comprar con puestos y prebendas a quien amenazara con liquidarla. O entregarle al Presidente de turno el puesto que les correspondía a los canales regionales y las decisiones que la Comisión debía tomar como ente autónomo. Así, los Comisionados impidieron la posibilidad de tener una televisión abierta que respetara la libertad de información y de empresa. La manera en que confeccionaron las licitaciones de 1998 cerró las puertas a los canales locales y tantos nacionales como fuera posible. En lugar de pensar en los televidentes antes que en los negociantes, crearon un oligopolio y durante trece años se han dedicado a defenderlo o a servir de árbitro entre RCN, Caracol TV y El Tiempo. Y se negaron a defender la sociedad del daño que causan las prácticas monopólicas y los contenidos de una televisión basada sólo en el afán de lucro. Al proteger el monopolio permitieron que se apoderaran de las investigaciones que hace una sola firma sobre las audiencias en Colombia. Por eso la Superintendencia de Industria y Comercio debió sancionarlas por competencia desleal, mientras la CNTV hacía mutis por el foro. Más grave aún: además de devolverle a RCN y Caracol parte de lo que pagaron por la licencia, la CNTV se dedicó a defender su negocio argumentando que Colombia no está preparada para más canales. Y quedó en medio de la pelea entre esos canales y El Tiempo por la posibilidad de un tercer canal, en vez de permitir tantos cuantos fueran posibles para proteger la libertad de expresión y de empresa. Menos mal que no pudieron asaltar la televisión por cable o por satélite.En cambio permitió que la televisión que amplifica la violencia y sublima el narcotráfico se tomara los horarios familiares, en vez de obligar a emitirla en horarios para adultos. Y dejó que los noticieros de los canales privados sean simples emisores de los videos que les envía la Policía, abandonando el periodismo que busca la noticia y la verdadera realidad de un país que produce hechos más importantes que las riñas en los colegios grabadas en teléfonos celulares. Basura y no noticias parece ser la onda. Por eso se termina el fuero constitucional de la CNTV. Y empieza otra etapa, donde el Gobierno actual hace propuestas técnicas, pero no aclara cuál será el futuro de la televisión colombiana. Ojalá no sea el regreso a los métodos de Samper y del clientelismo, muy parecidos a los de Hugo Chávez en Venezuela cuando pretende dominar a los medios para que alaben sus acciones y callen sus abusos.

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