¿Sin futuro?

¿Sin futuro?

Noviembre 04, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Durante seis años, Colombia vivió en vilo por la negociación del gobierno con las Farc. Ahora que se está descubriendo la verdad muy a pesar de los protagonistas, las dudas cunden acerca del futuro que le espera al acuerdo que nos impusieron.

Fueron años en los que miles de millones de pesos del Estado se dirigieron a convencernos sobre la necesidad de conseguir el final del conflicto. Lo que no era necesario, porque, a través de la historia, los colombianos han dicho de todas las formas posibles y en todas las encuestas imaginables que quieren la paz y que hay que negociar para acabar con la violencia.

Pero el gobierno Santos se apoderó de ella y la convirtió en su bandera para lograr su reelección. Fue tanta su obsesión que se tomaron decisiones absurdas y peligrosas como ceder en la política contra el narcotráfico o adquirir compromisos por más de cien billones de pesos, imposibles de cumplir porque se acabó la bonanza petrolera y nunca fue posible detener el tren de gastos que hoy nos tiene al frente de la peor reforma tributaria.

Y crearon la Justicia Especial de Paz, mientras las Farc armaban el entramado de agrupaciones que aseguraron su control sobre el narcotráfico, su fuente de riqueza y de poder durante los últimos quince años. Era la posibilidad de conseguir la impunidad que exigieron sus jefes para estampar su firma y repetirla cuando el NO ganó el plebiscito, la mejor muestra de rechazo a un acuerdo que nunca ha tenido la legitimidad que requiere para ser garantía de paz.

Por eso ganó el candidato del Centro Democrático de manera amplia e inobjetable, lo que empezó a definir la agonía que hoy padece el acuerdo. Agonía que se agudiza tanto por los incumplimientos del gobierno de Santos como por la posición de los dirigentes más poderosos de las Farc, que aspiran a mantener su poder sobre grupos radicales que no se desarmaron ni aceptaron lo que sus jefes firmaron en La Habana.

Ahora, el gobierno de Duque plantea más condiciones, y su partido se empeña en crear una sala especial para los militares, sobre la base de la desconfianza a los magistrados escogidos por extranjeros. El resultado es una confusión que lleva a que cabecillas de las Farc, renuentes a aceptar las ridículas sanciones que recibirán por sus crímenes de lesa humanidad, amenacen con recurrir a la Corte Penal Internacional para hacer valer el acuerdo que ellos no cumplen. ¡Los pájaros tirándole a las escopetas!

Y queda la JEP que no puede con su arrogancia y exige autonomía absoluta, reclamando las pruebas a la Justicia de los Estados Unidos para juzgar si ‘Santrich’ cometió o no los delitos de narcotráfico por los cuales fue pedido en extradición. Así desconoce el acuerdo de La Habana, el reglamento aprobado para su funcionamiento, las sentencias de la Corte Constitucional y las posiciones de la Fiscalía y del Procurador General de la Nación, a quien no puede calificarse como enemigo de la paz que firmó el presidente Santos.

Hay pues un aroma de fracaso, causado por la falta de legitimidad de un acuerdo que no responde a las circunstancias del país. Y más parece otra conejeada a la voluntad de paz de los colombianos que el compromiso por sacar adelante el proceso que fue la bandera del gobierno Santos.
Todo parece indicar que la paz de Santos no tendrá futuro, mientras nos enfrentamos a la guerra frontal contra el narcotráfico para evitar que volvamos a ser una democracia y un Estado fallidos.

Sigue en Twitter @LuguireG

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