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Seamos serios

Junio 13, 2021 - 06:55 a. m. 2021-06-13 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

¿Será cierto que el policía Carlos Andrés Martínez murió ahogado y no a causa de los balazos que le metieron y las cuchilladas que le asestaron antes de aventarlo al río Cauca? ¿Será que en Cali se resolvió todo con el decreto que emitió el Alcalde, las decenas de diálogos que él dice haber adelantado con éxito aunque la autopista Simón Bolívar sigue presa del vandalismo, el bloqueo y la extorsión que debe pagar quien quiera movilizarse?

La realidad es muchísimo más sombría que lo que el gobierno municipal y el Arzobispo de Cali, empeñados en dividir la sociedad, pretenden mostrar. Más preciso: ni ellos ni nadie, salvo quienes financian a los vándalos y ordenan el terrorismo, pueden detener la violencia. Por eso, la Fuerza Pública está lejos de poner fin a esa guerra que la anarquía le declaró a nuestra ciudad.

El pasado jueves se prendió de nuevo la mecha en Siloé. Un muerto, varios civiles y policías heridos, y la zozobra que afecta al barrio y a todo un sector crucial de la sociedad caleña. Como sucede en el puente de los mil días en el oriente, en el occidente está la rotonda que da acceso también al barrio Alberto Lleras, y reparte el tráfico hacia el Coliseo del Pueblo y hacia el sur. Son puntos estratégicos para crear el caos con un balazo.

Pero esos bloqueos parecen ya parte del paisaje, como lo son el número de muertos que crece. ¿Acaso alguien, empezando por el alcalde Ospina, les tiene una explicación a los caleños sobre los trece asesinatos del 28 de mayo o los veintidós del pasado fin de semana? ¿Se sabe el origen de la orgía de sangre que se está produciendo, al parecer debido al reacomodo de las bandas criminales que se reparten la ciudad aprovechando que la Policía está dedicada a atender el orden público?

En el fondo de todo está la enorme ineptitud de un gobierno municipal cuyo Alcalde está interesado en mostrarse como el líder de la solución pacífica, mientras el 80% de la ciudad lo rechaza por esa aura de corrupción que lo rodea y se expresó en la feria virtual, el alumbrado y el contrato para construir palcos en el Estadio, mientras cercenó los programas de asistencia a la juventud. Cuarenta mil millones de pesos echados a la basura o al bolsillo de quién sabe quién en diciembre que ahora Ospina trata de lavar mostrándose como el promotor de diálogos con los jóvenes a pesar del rechazo de quienes lo acusan de traidor.

El resultado es la anarquía en amplios sectores de Cali, lo que no se resuelve solo con la presencia de los policías y los soldados. Es el caos que se presenta cuando la gente, agobiada por los problemas que le dejan un año de encierros y sacrificios, de pobreza y necesidades, no encuentra un gobernante que los represente, que los escuche y les diga para donde va su ciudad.

No hay gobierno creíble en Cali. Y para salvar lo que le queda, la organización clientelista que respalda al Alcalde exige más secretarías y más presupuesto, obligando incluso al retiro de los amiguísimos de Jorge Iván Ospina. Total, ahora hay que disponer como sea de los $650.000 millones de crédito que le aprobaron en el Concejo Municipal sin exigirle un plan de inversiones, los cuales dizque se destinarán a recuperar la ciudad.

Seamos serios: Cali está en el caos y devastada en su infraestructura, en su autoestima, en su economía y en la moral pública, mientras la violencia hace de las suyas. Y no hay gobierno.
Sigue en Twitter @LuguireG

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