Salvar a Cali

Noviembre 26, 2022 - 11:55 p. m. 2022-11-26 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Desde el primero de enero de 2021 no pasa una semana sin que Cali sea escenario de una denuncia de corrupción, sobre inseguridad, sobre desgobierno y falta de autoridad. Ya es momento para levantar la cabeza y enfrentar el régimen que se apoderó de sus instituciones.

Durante tres años el espectáculo ha sido grotesco. Una ciudad en decadencia, sus calles destruidas, sus finanzas en picada, la violencia acosando y el gobierno empeñado en dividir la sociedad para imponer sus intereses particulares. Cada secretaría es repartida con precisión quirúrgica, Emcali va camino al desastre, el MÍO está quebrado y se hunde en la impotencia sin posibilidades de cumplir su compromiso y a la espera de las demandas que le costarán billones.

La lista de desastres causados por el alcalde Ospina no parece tener límite. Y la actuación de quienes tienen la facultad de controlar y sancionar la corrupción es un ejercicio del poder para anular los mecanismos constitucionales que deberían defender a la ciudad y sus habitantes de la corrupción y el desgobierno que nace de la alianza que protege a Ospina y su combo.

No obstante la mala experiencia que montó de nuevo a Ospina en la Alcaldía ya empieza la feria para reemplazar ese régimen. Veinticinco candidatos, decenas de aspirantes al Concejo y las especulaciones vuelven a aparecer, impulsadas por quienes dividen para explotar la tragedia en que se convirtió el gobierno de Cali. Muchos de esos aspirantes son personas de buena fe, con intenciones transparentes y deseo de prestar el servicio público que necesita la ciudad para superar el horror que hemos padecido los últimos tres años.

Detrás de ese está la maquinaria infernal que eligió a Ospina. La alianza que se quedó con Emcali, a la que no le duele la quiebra del MÍO y se beneficia de la inmoralidad que se tomó el CAM. La que fue premiada con el reparto que hizo el alcalde repitente y hoy lo abandona, tratando de demostrar que nada tuvo que ver con el desastre que padece la ciudad.

Es esa maquinaria que ya tiene tarifa para la compra de los votos en las elecciones de octubre de 2023. La que sabe cómo se aprovecha esa división en decenas de candidatos y la confusión que produce, para desanimar la participación de los ciudadanos. Con ello logra elegir concejales con cinco mil votos y alcaldes con trescientos mil, suficientes para imponer el imperio de la corrupción y el gobierno de la ineptitud.

Todo eso tiene que cambiar. A Cali, al gobierno de la ciudad, al manejo de los intereses públicos, hay que rescatarlos del desastre en el cual lo hundieron Ospina y la maquinaria que en el concejo y los organismos de control lo soportan, quienes estuvieron detrás de su reelección y cada uno de los contratistas que aprovechan para enriquecerse y enriquecer a quienes los contratan.

Es el momento de levantar la cabeza, de buscar la manera de superar lo que parece una condena a la vigencia eterna del clientelismo que se volvió a apoderar de la alcaldía, neutralizó el control político que debe ejercer el concejo municipal y silenció la acción de los organismos de control.

Hoy hay muchas personas interesadas en promover ese cambio, empezando con los pocos concejales y exconcejales que han enfrentado el monstruo de la corrupción y desgobierno que se tomó a Cali. A esas personas hay que pedirles que no permitan que las dividan. Que los buenos son más y hay que impedir que el clientelismo de siempre se imponga.

¡Hay que salvar a Cali!

VER COMENTARIOS