Escuchar este artículo

Que vuelva Belalcázar

Julio 25, 2021 - 06:55 a. m. 2021-07-25 Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Eran las siete y media de la mañana del viernes 28 de abril cuando un grupo de vándalos se tomó el parque donde durante 85 años estuvo la estatua de Sebastián de Belalcázar, y trató de destruirla. Hoy, en el cumpleaños de Cali, exigimos que la devuelvan a su sitio.

Meses antes, la amenaza contra la estatua había salido de un concejal y la administración municipal la había cubierto con una tela blanca dizque para iniciar un proceso de “repensar el monumento” a la manera del revisionismo estalinista, y de satisfacer los rencores del alcalde. Luego, y a pesar de que el atentado era inminente, el gobierno municipal la dejó sola, a sabiendas de lo que iba a suceder.

Y lo que podía ocurrir ocurrió. Ese 28 de abril, la toma de Cali empezó con la llegada de las chivas venidas del Cauca en las que sus integrantes se pasearon sin que ninguna autoridad les preguntaran siquiera a qué venían. Se sabía que los indígenas vestidos con sus anacos para simbolizar su acción depredadora, venían a hacer el daño. Que el propósito de quienes no viven aquí y desconocen su historia y su cultura era destruir uno de los símbolos de la ciudad, para lo cual contaban con la complicidad de quienes en el gobierno local la convirtieron en motivo de discordia.

No les importó que la estatua y su entorno significan el espíritu abierto de una comunidad donde cabemos todos. O cabíamos hasta que el alcalde Ospina decidió que aquí sólo pueden vivir los que él considere, así sean intrusos llegados para destruir como los depredadores de la estatua Belalcázar, quienes regresaron a tratar de culminar su hazaña, siendo repelidos, al fin, por la Policía que el alcalde trató de inmovilizar mientras la ciudad vivió el caos durante cincuenta días.

Hoy no se sabe cuál será el destino de la estatua. Nos dicen que la repararán y la volverán a poner, como debe ser, en el lugar que le corresponde, aunque el alcalde Ospina habla del triunfo de los vándalos vestidos con anacos que iniciaron la destrucción de Cali el pasado 28 de abril y luego se marcharon.

Los caleños queremos de vuelta la estatua de Belalcázar. Queremos que la restauren, que no abusen del poder para imponernos la “resignificación” estalinista. Ni que nos enreden con las mesas de concertación que pretenden imponer para sembrar la discordia entre indios, blancos, negros y mestizos de una ciudad caracterizada por la mezcla racial y la diversidad.

Aceptar que se imponga la voluntad de Ospina que preparó el terreno para tumbar la estatua de Belalcázar e imponer el odio a partir de interpretaciones que desconocen el significado de ese monumento, es darnos por derrotados frente al intento de ahondar la lucha de clases a través del vandalismo que se tomó la ciudad durante cincuenta días, debido en parte a su tolerancia y a su desgobierno. Y es ignorar que ese monumento es punto de encuentro de miles de personas que a diario se reunían allí para disfrutar de un espacio de tolerancia que quisieron destruir con la complacencia de la administración municipal.

Hoy, un grupo de ciudadanos instalarán la foto de la Estatua de Belalcázar en el pedestal que quedó vacío como símbolo del vandalismo.
A partir de las diez de la mañana tendrá lugar el homenaje que es a la vez una exigencia al alcalde Ospina para que reinstale el monumento en el sitio que los caleños, no él, la erigieron como homenaje a los fundadores de su ciudad, hace 485 años. Hay que estar allí.
Sigue en Twitter @LuguireG

Obtén acceso total por $9.900/ trimestre Suscríbete aquí
VER COMENTARIOS