¿Qué pasó el martes?

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¿Qué pasó el martes?

Enero 26, 2020 - 06:55 a. m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Pasó el veintiuno de enero, fecha anunciada para reiniciar el paro nacional. Y no pasó nada. O mejor, sí pasó.

Pasó por ejemplo que sólo quince embozados trataron de bloquear el paso por Puerto Rellena en Cali. Y no pudieron. Y menos de diez trataron de hacerlo en la salida al mar. Y tampoco pudieron.

Y al cacerolazo de la noche fueron menos de mil personas. Al parecer, había más periodistas que caceroleadores. Es decir, el ruido de las ollas fue apabullado por el silencio del vacío.

También pasó que unos tantos de esos embozados atacaron a piedra el edificio del Icetex, y otros se enfrentaron con la Policía en Univalle. Por supuesto, fueron rechazados y grabados por la ciudadanía en el vandalismo que sus autores y no pocos periodistas y medios de comunicación consideran actos democráticos y hasta heroicos.

Y en Medellín pasó menos, salvo porque el nuevo alcalde decidió patrocinar una marcha, suministrando refrigerios que se quedaron servidos y pagando un concierto al final del recorrido que no sonó. Por supuesto, aparecieron los vándalos, atacaron una sucursal bancaria, pintaron de azul un empleado, embadurnaron edificios con toda clase de basura, y el más importante acto de gobernante del alcalde Quintero fue tomar un trapo y limpiar los avisos que pintaron los vándalos.

Lo más grave se produjo en Bogotá, donde esos vándalos atacaron algunas estaciones del Transmilenio y unos pocos trataron de bloquear calles, siendo despejados con prontitud por la policía. Y claro, la alcaldesa de la capital se enfureció por todo, le echó la culpa al gobierno nacional, dijo que allí mandaba Claudia López y ordenó sacar… al Esmad. Al final, menos de tres mil personas fueron al concierto programado en la Plaza de Bolívar.

Lo demás no existió. Y el susto que habían sembrado las amenazas y exigencias de los organizadores del paro, los de Fecode, de la Cut, de la Cgt, y demás, se transformó en alivio. Aquellos medios y aquellos periodistas que crearon la expectativa, anunciaron transmisiones minuto a minuto y recordaron el miedo con el cual atraen audiencias, debieron rellenar con cualquier cosa el vacío que dejaba la falta de las noticias y primicias que anunciaron.

Y ante la soledad que significa el rechazo a su forma de usar la extorsión, quienes se declararon voceros y organizadores del paro para exigir la revolución, el desmonte del Estado de Derecho, el fin del Congreso y la claudicación del Gobierno a sus 104 peticiones, se evaporaron. Ni siquiera le pasaron al teléfono a los periodistas especializados en amplificar el mensaje para mostrar que Colombia está al borde de la revolución.

Nada pasó. O mejor, sí pasó. Pasó que el abuso de lo que fue una protesta social el pasado 21 de noviembre fue rechazado por el silencio y la ausencia de los colombianos. Pasó que esa necesidad de expresar la inconformidad que sin duda existe ante los problemas que padecen y los males que afectan a su sociedad y al manejo de los asuntos públicos, se está diluyendo, porque ya saben que han sido usados por los sindicalistas de siempre para sus intereses.

Y pasó que aún no se sabe quién está detrás del vandalismo que le niega el derecho de locomoción a los millones que quieren trabajar, destruyendo los sistemas de transporte y sembrando el terror. O a lo mejor, sí se sabe, pero no quieren decir. ¿No es cierto, senador Petro?

Sigue en Twitter @LuguireG

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