¡Que lo tumben!

¡Que lo tumben!

Enero 13, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Cuando Nicolás Maduro asumió el poder ante un Tribunal de Justicia espurio y presidido por un hombre al cual le pagaron sus favores con el cargo, el salario mínimo al cual accedían los pocos venezolanos con trabajo era de 4.500 bolívares de los últimos. Con ello se compran dos kilos de papas y nada más.

O menos, porque el kilo está a 2.500 bolívares. La inflación en el 2018 superó el millón novecientos mil por ciento, y obligó a tres reformas en las cuales se cambió la moneda para tratar de detener lo que deja la mentirosa revolución bolivariana. Pero los cubanos de Raúl Castro, los militares del general Padrino, la corrupción y la violencia generalizadas siguen empeñados en desmantelar lo poco que queda de la economía para demostrar el triunfo del socialismo Siglo XXI.

Y en expulsar a los venezolanos de su tierra mediante el hambre para todo aquel que no se pliegue a los mandatos de la tiranía. Por ello han salido más de tres millones, y cinco mil al día se van por las trochas, condenados a vivir como parias, a pedir limosna, a hacer cualquier cosa para conseguir la alimentación y el techo de sus familias.

Ya no son necesarias las masacres. Echar de Venezuela a quienes no estén con ellos es repetir lo que hizo Fidel Castro en Cuba, produciendo una diáspora de millones de cubanos en el exilio. Con ello se evita la presión de seres humanos que piden comida, justicia, trabajo y democracia, y se puede hacer una represión más selectiva para asegurar el miedo que sostiene la dictadura y evitar levantamientos contra sus explotadores.

Por eso no es extraño que los guardaespaldas de Maduro sean cubanos, que las Fuerzas Armadas tengan a miles de cubanos y que se le regalen miles de barriles de petróleo al régimen castrista. Por eso también, Venezuela no puede pagar sus deudas, hasta los chinos y los rusos se niegan a prestarle y está produciendo sólo un millón de barriles diarios y llegará a quinientos mil barriles este año, trescientos mil menos que Colombia.

Esa es la razón por la cual Venezuela no tiene credibilidad y a la posesión de Maduro asistieron sólo tiranos como los presidentes de Nicaragua, de Irán, de Turquía, de algo que se llama Osetia del Sur que nadie sabe dónde queda, o interesados que reciben dádivas del régimen como el de Bolivia, Surinam, Antigua y Barbuda. Es un país en caída libre, donde la pobreza ha llegado al 85 % de su población, mientras en los bancos del mundo reposan miles de millones de dólares que se ha robado el chavismo durante 20 años.

De ahí que la única alternativa sea tumbar el régimen. ¿Cómo? En primer lugar, eso sólo lo pueden hacer los venezolanos. Nada de Bolsonaros y mucho menos de guerras con Colombia o de invasiones gringas. Es allá donde está la solución. Y para ello hay que convocar a los militares descontentos, que los hay por miles, y promover la desobediencia civil, superando esa oposición vacilante y comprable que ha hecho posible mantener la dictadura.

Por supuesto, los que estamos afuera debemos apoyarlos con recursos reales y no sólo con palmaditas en la espalda. Además de haber destruido una de las naciones más ricas del continente y de ser foco de inmoralidad, Maduro y sus esbirros son una amenaza que debe tener un final próximo para detener la tragedia humanitaria que producen.
Venezuela es de los venezolanos y está secuestrada. Liberarla de la tiranía y devolvérsela a ellos es una obligación que no admite más demoras.

Sigue en Twitter @LuguireG

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