Populismo ‘made in USA’

Populismo ‘made in USA’

Julio 22, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Los Estados Unidos eligieron su presidente el pasado noviembre de 2016. Lo que no sabían era que la Casa Blanca se iba a llenar de una insania más propia de un dictador que de un demócrata.

Para entender lo que pasa debe aceptarse que a los estadounidenses solo les importa los Estados Unidos, que ellos no dependen del gobierno, y en su país no existe ese universo de necesidades insatisfechas, de espacios donde hay ausencia del Estado y son manejados por el crimen y la ilegalidad.

Por ello se dan el lujo de elegir a Donald Trump y aguantar sus metidas de pata, su ignorancia sobre el papel que debe desempeñar como mandatario, sus bravuconadas y su patanería que dejan por el suelo la imagen de los gringos. Con grandes excepciones, a la mayoría no parece afectarle que su presidente se comporte como un bufón, que no sepa quienes son los enemigos de su país, que se abrace con quienes los odian y los disculpe.

Claro que los negocios están mejores que nunca. Por ello toleran los reality shows que protagoniza a diario su Presidente o los abusos contra los niños inmigrantes, mientras los grandes medios de comunicación le esculcan hasta los calzoncillos para tener noticias. Con ello fue elegido Trump a pesar de no tener las mayorías y los medios están en la mejor época de toda su historia.

Pero no parecen darse cuenta de lo que ha significado Trump para sus instituciones. Él, que fue elegido con la interferencia innegable de Vladímir Putin, que tiene a la presidencia como el apoyo para sus negocios y los de sus hijos, que como cualquier monopolio colombiano pretende dar la idea de que sus intereses son los intereses de los Estados Unidos, está acabando con la credibilidad de la Casa Blanca.

Lo ocurrido en la pasada semana fue asombroso. Luego de argumentar la seguridad nacional para declarar la guerra comercial contra China y cualquiera de sus vecinos, socios y amigos, se fue a Europa y causó estragos. Trató como delincuentes a los miembros de la Otan y a la Unión Europea, se burló de la Primera Ministra de Gran Bretaña, irrespetó a la reina Isabel y luego se fue a Helsinki donde se abrazó con Putin, el gran enemigo de su país.

Algo deben tener los rusos sobre Trump, para que mantenga una reunión de dos horas con el presidente de Rusia y no salga nada de allí. Y tiene que ser algo muy poderoso que lo obligue a desconocer el trabajo de los organismos de seguridad de su país sobre la amenaza que significa Rusia y sobre su intervención en las elecciones que lo tienen a él de presidente.

Por primera vez, la reacción se vino desde todos lados en Estados Unidos. Y mientras su jefe de comunicaciones y sus asistentes deben aclarar, corregir y rectificar cada una de sus declaraciones, Trump da en la flor de anunciar que, ante el éxito de la de Helsinki, invitará en otoño a Putin a Washington para seguir su tertulia secreta que nadie saben de qué trata ni en que beneficia a los Estados Unidos.

Entre tanto, el fiscal especial sigue su investigación sobre las relaciones de la campaña de Trump con los rusos de Putin, o se conocen más y más negocios del presidente y sus hijos con Rusia, o con China o con Corea del Norte. Pero él se las arregla para tapar un escándalo con otro, como si gobernar a los Estados Unidos significara poder hacer lo que a bien tenga.

Ese es el hombre que se esconde detrás del lema “América first”, populismo barato que produce ríos de riqueza para los Estados Unidos.

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas