¿Polarizados?

¿Polarizados?

Enero 06, 2019 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

No nos dejan descansar. Y a pesar del veredicto que veintiún millones de votantes emitieron en las elecciones presidenciales, insisten en llevarnos a la polarización que sólo existe en la política tradicional para justificar sus maniobras que no consultan la voluntad de los colombianos.

Antes fue la tal polarización entre santistas y uribistas, que no representaba lo que la gente pensaba y en nombre de la cual se cometieron cosas como un acuerdo mal negociado con las Farc y el desconocimiento del NO al plebiscito. Eso produjo la desaparición del santismo y que la coalición que armó el astuto presidente de entonces volara por los aires.

Como resultado, el Gobierno y toda esa alianza para dominar el Estado se quedó sin posibilidades. Quedaron Iván Duque como la esperanza del cambio y Gustavo Petro como símbolo de la protesta contra un establecimiento incapaz de entender que el Estado actual ya no resiste sin cambios, que hay que recuperar la ética y la decencia para rescatar el apoyo ciudadano que se derrumba y se convierte en indiferencia ante los escándalos y las fechorías de una clase política autista que protege intereses contrarios al bien común.

Ocho millones de los votos por Petro no son de él ni de la izquierda. Son colombianos cansados de tanto abuso, de tanto Odebrecht, de tanta mermelada, de la falta de justicia y de la incapacidad del Congreso para modificar sus comportamientos clientelistas, la verdadera causa de la corrupción oficial y de la falta de decisión contra la corrupción privada, mientras el narcotráfico hace su agosto en la provincia y la delincuencia amenaza en las ciudades.

Duque empezó su gobierno en una minoría estremecedora en el Congreso pero creyó que tenía doce millones de personas tras de sí para obligar a la coalición santista a respaldarlo sin mermelada. Como lo demuestra el balance de la primera legislatura, el inicio fue traumático porque, además de la dispersión y de la falta de liderazgo que comprometió hasta el apoyo de su partido, su gabinete demostró no estar preparado para manejar el escenario público no obstante las calidades de sus integrantes.

Y luego del fracaso en el Congreso, Duque revivió la palabra mágica, haciendo caso a quienes le recomiendan la fácil para tratar de superar la minoría en el Congreso. “Polarización”, dijo el Presidente el 31 de diciembre, esta vez entre la izquierda y la derecha.

Pues no hay tal polarización entre izquierda y derecha. Como ocurrió en 1886, el verdadero dilema es “regeneración o catástrofe” de Rafael Núñez. La política está más atomizada que nunca, y la dirigencia tradicional parece incapaz de abandonar sus prácticas, su resistencia al cambio y la corrupción que destruye la fe en sus jueces, legisladores y gobernantes.

Lo peor es que si siguen así, ignorando la ética pública y los valores, continuará creciendo el rechazo y la indiferencia que debilitan las instituciones. Entonces cualquier cosa puede pasar, incluyendo el fin de la política, el resurgimiento del paramilitarismo o amenazas como Bolsonaro o Chávez.

No es pues el momento para crear más miedos sino para construir consensos, incluso con la izquierda, que recuperen la credibilidad del Estado de Derecho. De lo contrario seguiremos viviendo en ese mundo de los presidentes que ven en la división el argumento para mantenerse en el poder mientras no se hacen los cambios que necesita un Estado al borde del fracaso.

Sigue en Twitter @LuguireG

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